Cabañuelas: la tradición ancestral que intenta descifrar el clima del año

Pintas y repintas, el método popular de predicción del clima que aún se practica en México y otros países
Mundo02 de enero de 2026 Mariela Castro
cabañuelas
Cabañuelas: la tradición ancestral que intenta descifrar el clima del año

Cada inicio de año, mientras los pronósticos meteorológicos modernos afinan modelos satelitales y algoritmos, en muchos pueblos de México hay quienes voltean al cielo con una libreta en mano. Observan el sol, el viento, la lluvia, las nubes. No es casualidad ni superstición improvisada: es la lectura de las cabañuelas, una tradición ancestral que, desde hace siglos, busca anticipar cómo se comportará el clima durante los siguientes doce meses. En tiempos de sequías prolongadas, lluvias atípicas y cambio climático, esta práctica vuelve a despertar curiosidad, conversación y memoria colectiva.

¿Qué son las cabañuelas?

Las cabañuelas son un método tradicional de pronóstico del clima basado en la observación detallada de los primeros días del año, especialmente de enero. Según esta creencia popular, cada día observado representa el comportamiento climático de un mes específico del año en curso.

En México, el sistema más extendido señala que:

Del 1 al 12 de enero, cada día corresponde a un mes (enero a diciembre).
Del 13 al 24, el conteo se invierte, de diciembre a enero.
A partir del 25, entran las llamadas pintas y repintas, observaciones por horas que afinan o “corrigen” lo visto anteriormente.

No se trata solo de lluvia o sol: quienes practican las cabañuelas registran temperatura, viento, nubosidad, heladas y hasta la intensidad del calor.

pintas y repintas

El origen del nombre y su raíz histórica

El término cabañuelas proviene del latín capanna (cabaña), y está vinculado con antiguas festividades agrícolas europeas relacionadas con los ciclos de la tierra. Su práctica se asocia con celebraciones judías como Sucot, una festividad que marcaba el final de la cosecha y durante la cual se observaban las condiciones del clima para prever el siguiente ciclo agrícola.

Con la colonización española, este conocimiento se mezcló con saberes indígenas en América, dando lugar a versiones locales profundamente arraigadas en el campo mexicano.

Las pintas y repintas: el detalle fino del pronóstico

Dentro de las cabañuelas, las pintas y repintas representan una etapa clave. Aquí, la observación ya no es diaria sino horaria. Cada dos horas del día corresponden a un mes del año, permitiendo ajustar o confirmar lo previamente observado.

Este sistema, transmitido de generación en generación, exige atención minuciosa y constancia. En comunidades rurales, aún hay personas reconocidas por su habilidad para “leer” las cabañuelas con precisión, especialmente entre agricultores y ganaderos.

¿Solo en México? Países donde sigue viva la tradición

Aunque México es uno de los países donde más se habla de las cabañuelas, esta práctica también se mantiene en:

España, sobre todo en regiones rurales de Castilla, Andalucía y Aragón.
Centroamérica, como Guatemala y Honduras.
Sudamérica, en países como Colombia, Perú, Venezuela y Argentina.
Algunas zonas del sur de Estados Unidos, heredada por comunidades de origen latino.

En cada región, el método tiene variaciones, pero el principio es el mismo: observar la naturaleza como una forma de conocimiento.

Tradición frente a ciencia: ¿oposición o coexistencia?

Desde el punto de vista científico, las cabañuelas no cuentan con validación meteorológica. Sin embargo, especialistas en antropología y estudios rurales coinciden en que su valor no radica únicamente en la precisión, sino en su función cultural, social y simbólica.

Con la crisis climática, estas prácticas revelan cómo las comunidades históricamente han intentado adaptarse y comprender su entorno, mucho antes de los radares y satélites.

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Una tradición que persiste

Hoy, las cabañuelas conviven con aplicaciones del clima, noticieros y alertas digitales. No reemplazan a la ciencia, pero tampoco han desaparecido. Siguen vivas en la conversación familiar, en el campo, en la memoria oral y, cada enero, vuelven a abrir el debate: ¿qué nos dirá este año el cielo?

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