
Jurassic Park: ¿Dónde está el cine que nos hacía soñar?
Marcela Nazar
La era dorada del blockbuster con alma, como lo fue Jurassic Park en 1993, parece haberse perdido en un océano de remakes, polémicas e historias que no conectan. Steven Spielberg no solo rompió récords de taquilla; también nos hizo mirar a los dinosaurios con asombro real. Hoy, en cambio, el público se enfrenta a películas que no emocionan, que fallan en representar culturas o identidades y que, a pesar de la inversión millonaria, no logran dejar huella.
El síntoma: éxitos que dividen
La cinta Emilia Pérez, ganadora en Cannes y premiada en los Globos de Oro, ha sido celebrada por algunos y duramente criticada por otros. Organizaciones como GLAAD señalaron que “la película perpetúa una visión caricaturesca y problemática sobre las mujeres trans”.
Por su parte, Reanna Cruz declaró que “parecía que el cineasta estaba pintando a las mujeres trans como mentirosas”.
Casos como este revelan una fractura entre el cine de autor, las expectativas sociales y la representación cultural. ¿Se puede aplaudir la estética de una obra que hiere a las comunidades que dice representar?


El contraste: el milagro de lo auténtico
Mientras tanto, Sinners —una película sin gran franquicia detrás— se convirtió en un fenómeno gracias al boca a boca. Ryan Coogler, su director, apostó por una historia íntima, poderosa y sin filtros. El resultado: 98% de aprobación en Rotten Tomatoes y ovaciones en salas de todo el mundo.
Este tipo de fenómenos recuerdan a lo que hizo El gran showman, otro film que no empezó fuerte en taquilla pero que, con el tiempo, multiplicó su recaudación gracias al público:
“Se convirtió en el primer gran estreno desde Titanic en multiplicar por 20 lo recaudado en su primer fin de semana”, según reportes de la industria.
El trasfondo: ¿Quién tiene la última palabra?
Disney vivió recientemente el fracaso de su live-action de Blanca Nieves, protagonizado por Rachel Zegler. Más allá de la historia, lo que encendió la controversia fue el cambio en la representación del personaje. La película fue calificada con apenas 1.5/5 en IMDb y miles de usuarios la catalogaron como “forzada” o “ideologizada”.
“La prensa y parte del público le atribuyeron el fracaso a la protagonista, por su ascendencia colombiana y sus declaraciones feministas”, comentó un reportero de espectáculos en X (antes Twitter). El problema ya no es solo si una película es buena o mala… sino si logra sobrevivir al escrutinio social.
El llamado: recuperar la emoción
No es nostalgia vacía. Es una pregunta legítima: ¿dónde está el cine que nos hacía soñar? Aquel que mezclaba técnica, emoción y humanidad sin pedir disculpas. Las nuevas generaciones quieren verse reflejadas en pantalla, pero también quieren emocionarse, reír, llorar, vibrar.
Tal vez el futuro del cine no esté en revivir Jurassic Park, sino en crear nuevas historias que —como aquella— nos recuerden que hay un Spielberg en cada creador… si se atreve a filmar con el corazón.
Conclusión
El cine actual navega entre la taquilla, la crítica y la cultura con un equilibrio cada vez más difícil. Pero el público ha demostrado que, cuando una película conecta desde lo humano, no necesita dinosaurios ni efectos para convertirse en inmortal. Solo necesita verdad.

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