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Estudio internacional identifica hipertensión, colesterol, glucosa y tabaquismo como claves en prevención cardiovascular moderna.
Vida y Estilo10 de octubre de 2025 Maggie Abraham
Cada minuto, en alguna parte del mundo, alguien sufre un infarto o un accidente cerebrovascular. Lo que muchos desconocen es que, en la gran mayoría de los casos, esas tragedias no llegan de forma inesperada. Un estudio internacional realizado por la Universidad de Northwestern (Estados Unidos) y la Universidad de Yonsei (Corea del Sur) confirmó que más del 99% de quienes padecen estos eventos presentan al menos uno de cuatro factores de riesgo cardiovascular identificables y prevenibles.


La investigación, que analizó datos de más de 9.3 millones de adultos en Corea del Sur y casi 7 mil en Estados Unidos, refuerza una verdad que la medicina ha venido señalando desde hace décadas: la prevención salva vidas, y no se trata de una frase hecha, sino de evidencia contundente.

Los científicos identificaron cuatro factores modificables que están detrás de casi todos los infartos, accidentes cerebrovasculares e insuficiencias cardíacas:
Fue el factor más frecuente. Más del 95% de los participantes en Corea del Sur y el 93% en Estados Unidos tenían la presión arterial por encima del nivel óptimo antes de sufrir un evento cardiovascular.

Incluso niveles considerados “moderadamente altos” incrementaron el riesgo. Los investigadores subrayan que mantener el colesterol en rangos saludables es una de las medidas más efectivas para evitar complicaciones a largo plazo.
La hiperglucemia, aun en valores previos a la diabetes, daña los vasos sanguíneos y acelera el envejecimiento cardiovascular. El estudio revela que muchas personas ya presentan alteraciones sin saberlo.

Fumar —o haber fumado— sigue siendo un detonante clave. Los efectos del tabaco permanecen en el organismo durante años, afectando arterias y tejidos, incluso después de abandonar el hábito.
El trabajo de los investigadores fue más allá de los diagnósticos clínicos tradicionales. En lugar de considerar solo casos con enfermedades confirmadas, también analizaron los llamados niveles “no óptimos”, es decir, cifras que aún no alcanzan para diagnosticar hipertensión, diabetes o dislipidemia, pero que ya afectan silenciosamente al cuerpo.
Incluso en personas consideradas “de bajo riesgo” —como mujeres menores de 60 años— más del 95% presentaba al menos uno de estos cuatro factores antes de su primer evento cardiovascular. Los resultados son claros: nadie está exento y la detección temprana es vital.

Este estudio, publicado en la revista Journal of the American Heart Association, deja en evidencia que el control de estos cuatro indicadores puede reducir drásticamente la incidencia de infartos y accidentes cerebrovasculares en todo el mundo.
Medir la presión arterial regularmente y mantenerla por debajo de 120/80 mmHg.
Controlar los niveles de colesterol y glucosa, especialmente después de los 40 años.
Adoptar hábitos saludables: alimentación balanceada, ejercicio regular y descanso adecuado.
Evitar el tabaco por completo, pues no existe un nivel de consumo seguro.
La lección más poderosa del estudio es que la mayoría de los factores que ponen en riesgo nuestro corazón pueden prevenirse o controlarse. No se trata de vivir con miedo, sino de vivir con conciencia. La salud cardiovascular no depende solo de la genética, sino de las decisiones que tomamos todos los días.
Cuidar el corazón es, al final, una forma de cuidar la vida.

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