Harald V de Noruega: el rey que desafió las reglas por amor y transformó una monarquía

Nació para garantizar la continuidad de una dinastía, pasó su infancia en el exilio durante la Segunda Guerra Mundial, estudió en Oxford y esperó nueve años para casarse con Sonja Haraldsen. La historia de Harald V conecta a Noruega con las casas reales de Dinamarca, Suecia, Reino Unido, Grecia y España.
Realeza27 de agosto de 2026Marcela NazarMarcela Nazar
El rey Harald V de Noruega ha protagonizado una de las historias más singulares de la realeza europea moderna.

El rey Harald V de Noruega ha protagonizado una de las historias más singulares de la realeza europea moderna: heredero desde joven, deportista olímpico y monarca de una dinastía profundamente ligada a las casas reales de Dinamarca, Suecia y Reino Unido.

Cuando se habla de las grandes monarquías europeas, Noruega suele hacerlo en voz más baja que los Windsor británicos, los Borbones españoles o los Grimaldi de Mónaco. Sin embargo, detrás de esa discreción escandinava existe una historia dinástica extraordinaria y uno de sus grandes protagonistas es Harald V de Noruega.

Su vida parece reunir en un solo personaje buena parte de la historia europea del siglo XX: nació dentro de una joven dinastía que necesitaba desesperadamente un heredero varón, tuvo que huir de los nazis siendo apenas un niño, creció entre Noruega y Estados Unidos, perdió a su madre durante la adolescencia, recibió formación militar y universitaria, fue considerado candidato matrimonial para algunas de las princesas más importantes de Europa y terminó poniendo en riesgo las expectativas dinásticas por una mujer que no pertenecía a la aristocracia.

Esa mujer era Sonja Haraldsen.

Harald esperó nueve años para poder casarse con ella.

En medio de aquella larga historia apareció también una joven princesa Sofía de Grecia, futura reina de España, a quien las familias y la prensa europea llegaron a contemplar como una esposa perfecta para el príncipe noruego.

La realidad, sin embargo, fue bastante más interesante que la leyenda romántica que se ha repetido durante décadas.

Para comprenderla hay que regresar mucho antes de Sonja y Sofía.

Hay que empezar por una dinastía que llegó a Noruega desde Dinamarca y por un niño cuyo nacimiento resolvió un problema sucesorio.

Harald nació para asegurar la continuidad de la Corona

Harald nació el 21 de febrero de 1937 en Skaugum, residencia de los príncipes herederos situada en Asker, cerca de Oslo.

Era el tercer hijo del príncipe heredero Olav de Noruega y de la princesa heredera Märtha de Suecia.

La pareja ya tenía dos hijas:

  • la princesa Ragnhild, nacida en 1930;
  • la princesa Astrid, nacida en 1932.

En cualquier familia aquello simplemente habría significado la llegada de un tercer hijo.

En una familia real de 1937 significaba mucho más.

Las reglas sucesorias noruegas de aquella época establecían que únicamente los hombres podían heredar el trono. Ragnhild y Astrid, pese a ser mayores, no podían continuar la línea reinante.

Harald sí.

Su nacimiento garantizó la continuidad de la dinastía.

Además, existía una particularidad histórica: Harald fue el primer príncipe nacido en Noruega en 567 años.

La explicación está en la compleja historia política del país. Durante siglos, Noruega estuvo unida dinásticamente primero a Dinamarca y después a Suecia. La monarquía noruega independiente de la que Harald terminaría siendo rey era relativamente reciente.

Había comenzado con su abuelo.

El pequeño Harald junto a sus padres, el príncipe heredero Olav y la princesa Märtha, y sus hermanas Ragnhild y Astrid.
El pequeño Harald junto a sus padres, el príncipe heredero Olav y la princesa Märtha, y sus hermanas Ragnhild y Astrid.

Haakon VII: el príncipe danés que se convirtió en rey de Noruega

El abuelo paterno de Harald no nació noruego.

Nació el 3 de agosto de 1872 en Dinamarca con el nombre de príncipe Carl de Dinamarca.

Era hijo del futuro rey Frederik VIII de Dinamarca y de Louise de Suecia.

La historia cambió en 1905.

Noruega puso fin a la unión que mantenía con Suecia y necesitó definir quién ocuparía el trono del nuevo Estado independiente.

Después de negociaciones políticas y de un plebiscito que respaldó la monarquía, la Corona fue ofrecida al príncipe Carl de Dinamarca.

Carl aceptó.

Pero también comprendió que llegaba para convertirse en rey de los noruegos, no para establecer simplemente una prolongación de la corte danesa.

Adoptó un antiguo nombre real noruego:

Haakon VII.

Y su pequeño hijo Alexander pasó a llamarse Olav.

Así comenzó la rama moderna de la Casa Real de Noruega.

La elección de Haakon tenía además enormes ventajas dinásticas.

Estaba casado con una princesa británica.

El rey Haakon VII de Noruega junto a la reina Maud. Nacido príncipe Carl de Dinamarca, Haakon aceptó la Corona noruega en 1905 y, con Maud —hija del rey Eduardo VII del Reino Unido—, dio origen a la actual rama de la monarquía noruega.
El rey Haakon VII de Noruega junto a la reina Maud. Nacido príncipe Carl de Dinamarca, Haakon aceptó la Corona noruega en 1905 y, con Maud —hija del rey Eduardo VII del Reino Unido—, dio origen a la actual rama de la monarquía noruega.

Maud de Gales: la abuela que conecta a Harald con los Windsor

La esposa de Haakon VII era Maud de Gales, hija del rey Eduardo VII del Reino Unido y de la reina Alexandra.

Maud había nacido princesa británica.

Era además nieta de una mujer cuyo árbol genealógico terminó extendiéndose prácticamente por todas las casas reales de Europa:

la reina Victoria.

De esta manera, por medio de su abuela paterna, Harald pertenece también a la descendencia directa de la monarquía británica.

Su línea puede resumirse así:

Reina Victoria

Eduardo VII

Princesa Maud de Gales, reina de Noruega

Olav V

Harald V

Ese parentesco explica también la relación genealógica entre Harald y la reina Isabel II del Reino Unido.

Ambos descendían de Eduardo VII y la reina Alexandra y eran primos segundos.

Pero la sangre real de Harald no termina en Gran Bretaña.

La rama de su madre vuelve a conducirnos hacia Dinamarca y Suecia.

Y convierte su árbol genealógico en una de esas estructuras que explican por qué las antiguas casas reales europeas parecían formar una enorme familia.

Märtha de Suecia: la madre que nunca llegó a ser reina

La madre de Harald nació como princesa Märtha de Suecia el 28 de marzo de 1901.

Su nombre completo era Märtha Sofia Lovisa Dagmar Thyra.

Era hija del príncipe Carl de Suecia, duque de Västergötland, y de la princesa Ingeborg de Dinamarca.

Märtha pertenecía por nacimiento a la Casa de Bernadotte sueca y, por su madre, volvía a estar conectada con la familia real danesa.

En 1929 se casó con el príncipe heredero Olav de Noruega.

Y aquí aparece uno de esos parentescos que resultaban relativamente comunes entre las monarquías de principios del siglo XX:

Olav y Märtha eran primos hermanos.

El padre de Olav, Haakon VII, y la madre de Märtha, Ingeborg de Dinamarca, eran hermanos.

Ambos eran hijos del rey Frederik VIII y de la reina Louise de Dinamarca.

Es decir:

Frederik VIII de Dinamarca + Louise de Suecia

tuvieron, entre otros hijos:

Carl de Dinamarca → Haakon VII de Noruega

e

Ingeborg de Dinamarca → madre de Märtha de Suecia.

Después:

Olav, hijo de Haakon, se casó con Märtha, hija de Ingeborg.

De ese matrimonio nació Harald.

El rey Olav V de Noruega junto a la princesa Märtha de Suecia, padres de Harald V.
El rey Olav V de Noruega junto a la princesa Märtha de Suecia, padres de Harald V.

El árbol genealógico de Harald V

Simplificado hasta sus ramas más importantes, puede entenderse así:

FREDERIK VIII DE DINAMARCA + LOUISE DE SUECIA

├── HAAKON VII DE NORUEGA
│ nacido príncipe Carl de Dinamarca
│ + MAUD DE GALES
│ hija de Eduardo VII del Reino Unido

│ └── OLAV V DE NORUEGA

└── INGEBORG DE DINAMARCA + CARL DE SUECIA

└── MÄRTHA DE SUECIA

OLAV V + MÄRTHA DE SUECIA

├── Ragnhild
├── Astrid
└── HARALD V

HARALD V + SONJA HARALDSEN

├── Märtha Louise
└── Haakon

Y con Haakon aparece la siguiente generación de la dinastía:

HAAKON + METTE-MARIT

├── Ingrid Alexandra
└── Sverre Magnus

Una genealogía en la que confluyen las casas reales de Dinamarca, Suecia, Reino Unido y Noruega.

De Skaugum a una Europa en guerra

Los primeros tres años de Harald transcurrieron tranquilamente en Skaugum junto a sus hermanas.

Todo terminó el 9 de abril de 1940.

Las tropas alemanas invadieron Noruega.

La familia real, el Gobierno y buena parte de los miembros del Parlamento tuvieron que abandonar Oslo para evitar ser capturados.

Aquella misma noche, Märtha huyó con Ragnhild, Astrid y Harald hacia Suecia.

Harald tenía tres años.

La situación era especialmente delicada porque los nazis deseaban obtener la rendición del rey Haakon VII y utilizar a la monarquía para legitimar al nuevo régimen.

Haakon se negó.

Aquella decisión convirtió al rey en uno de los grandes símbolos de la resistencia noruega durante la Segunda Guerra Mundial.

Mientras Haakon y Olav terminaron trasladándose a Londres junto al Gobierno noruego en el exilio, Märtha y los niños siguieron otra ruta.

El 12 de agosto de 1940, invitados por el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, emprendieron viaje hacia Estados Unidos.

El príncipe noruego que pasó parte de su infancia en Estados Unidos

Märtha y sus tres hijos llegaron a un país completamente diferente del que habían dejado atrás.

Después de una estancia inicial en la Casa Blanca, la familia se instaló en Pook's Hill, una propiedad cercana a Washington.

Harald pasó allí buena parte de la Segunda Guerra Mundial.

Fueron cinco años decisivos.

Mientras Europa sufría ocupación, bombardeos y combates, el futuro rey de Noruega crecía en Estados Unidos lejos de su padre y de su país.

La relación entre Märtha y Franklin Roosevelt ha alimentado posteriormente libros, documentales y producciones de ficción, aunque alrededor de ella también han surgido versiones que mezclan hechos comprobados con interpretaciones y rumores.

Para Harald, sin embargo, el recuerdo estadounidense fue profundamente personal.

Había llegado como un niño de tres años.

Regresaría a Noruega con ocho.

El 7 de junio de 1945, exactamente cinco años después de que el rey Haakon y el príncipe Olav hubieran abandonado el país, Harald regresó junto con su madre, sus hermanas y su abuelo.

Una multitud los esperaba en Oslo.

El niño que había salido huyendo volvía al país en el que algún día sería rey.

Sus padres querían que estudiara como otros niños

Después del regreso, Harald comenzó a asistir a la Smestad School de Oslo.

La decisión decía bastante sobre la forma en que Olav y Märtha entendían la formación del futuro monarca.

No querían educarlo completamente aislado dentro de Palacio.

La propia Casa Real ha explicado que procuraron ofrecerle una infancia lo más cercana posible a la de otros niños noruegos de su generación.

Había una diferencia difícil de ignorar: un guardia de seguridad permanecía en el pasillo.

Fuera de eso, Harald asistía a una escuela ordinaria.

Posteriormente ingresó en la Oslo Cathedral School, donde terminó la secundaria en 1955.

Después llegó la formación inevitable para un futuro jefe de Estado noruego:

la militar.

Formación militar y Oxford

Harald ingresó en la Escuela de Oficiales de Caballería y posteriormente continuó su preparación en la Academia Militar Noruega, donde completó sus estudios en 1959.

Pero su educación no terminó allí.

Entre 1960 y 1962 asistió a Balliol College, en la Universidad de Oxford.

Estudió:

  • ciencias sociales;
  • historia;
  • economía.

Era una preparación considerablemente amplia para un heredero de aquella generación.

Algunas reconstrucciones posteriores han querido añadir un componente romántico a su estancia británica y han asegurado que Olav decidió enviarlo a Oxford para alejarlo de Sonja Haraldsen.

El viaje y los estudios están documentados.

Que la verdadera intención de su padre fuera utilizar Oxford para conseguir que olvidara a Sonja no tiene el mismo nivel de respaldo documental, por lo que debe permanecer como una versión biográfica atribuida y no como una certeza.

Para entonces Harald había atravesado además una de las experiencias más dolorosas de su juventud.

Había perdido a su madre.

El joven príncipe Harald durante sus años de formación.
El joven príncipe Harald durante sus años de formación.

Märtha murió cuando Harald tenía 17 años

La princesa heredera Märtha murió el 5 de abril de 1954, después de un periodo de enfermedad.

Tenía 53 años.

Harald apenas 17.

Su muerte tuvo una consecuencia familiar e institucional.

Olav todavía era príncipe heredero y no tenía esposa que pudiera acompañarlo en las obligaciones representativas. La princesa Astrid, hermana de Harald, asumió progresivamente el papel de primera dama.

Cuando Haakon VII murió y Olav se convirtió en rey, Astrid continuó acompañando a su padre en numerosos compromisos.

Lo haría hasta 1968.

Hasta la llegada oficial de Sonja.

A los 20 años Harald se convirtió en heredero al trono

El rey Haakon VII murió el 21 de septiembre de 1957.

Olav se convirtió en rey con el nombre de Olav V.

Y Harald pasó automáticamente a ser príncipe heredero.

Tenía 20 años.

Comenzó a participar en las tareas de la monarquía, asistió al Consejo de Estado y en 1958 ejerció por primera vez como regente durante una ausencia de su padre.

La preparación para convertirse algún día en rey había dejado de ser teórica.

También comenzaba otra presión.

Un heredero necesitaba una esposa.

Y para las reglas no escritas de las monarquías de aquellos años, no servía cualquier esposa.

La Europa real buscaba una princesa para Harald

A finales de los años cincuenta, los matrimonios reales empezaban a cambiar, pero las antiguas reglas dinásticas seguían teniendo enorme peso.

Un príncipe heredero podía enamorarse.

Pero casarse era otra cuestión.

Se esperaba que Harald eligiera a una mujer perteneciente a alguna casa real o, como mínimo, a una familia aristocrática de suficiente rango.

Había varias princesas europeas que cumplían perfectamente esos requisitos.

Una de ellas era joven, atractiva, educada dentro de una corte real y pertenecía a una de las dinastías más antiguas del continente.

Se llamaba:

Sofía de Grecia y Dinamarca.

Sofía de Grecia: la candidata perfecta que quizá nunca fue novia

Sofía era hija del rey Pablo de Grecia y de la reina Federica, nacida princesa de Hannover.

Dinásticamente resultaba casi impecable para Harald.

Era princesa por nacimiento.

Provenía de la misma gran familia Glücksburg a la que estaba vinculada la propia Casa Real noruega.

Tenía la edad adecuada.

Y las familias reales europeas se conocían.

Así comenzó una historia que décadas después se transformó en algo mucho más romántico de lo que las pruebas permiten asegurar.

La versión popular dice que Sofía estuvo enamorada de Harald y que él la rechazó porque estaba enamorado de Sonja.

Pero la propia Sofía ofreció años después una explicación bastante diferente.

La entonces princesa Sofía de Grecia, hija de los reyes Pablo y Federica.

La entonces princesa Sofía de Grecia, hija de los reyes Pablo y Federica. A finales de los años cincuenta fue considerada una candidata dinástica adecuada para el príncipe Harald de Noruega, aunque no existe evidencia sólida de un noviazgo formal entre ambos.

Lo que la propia reina Sofía contó sobre Harald

En sus conversaciones con la periodista Pilar Urbano, Sofía recordó un viaje que realizó en 1959 junto con su familia por Dinamarca, Noruega y Suecia.

Al llegar a Noruega ocurrió algo sorprendente.

Los periódicos ya presentaban fotografías suyas junto a las de Harald y hablaban de ellos como una posible pareja.

Sofía explicó posteriormente que hasta aquel momento ni siquiera había visto personalmente al príncipe Harald.

No negó, sin embargo, la operación matrimonial.

Al contrario.

Reconoció que existió mucho interés por casarlos.

Se favorecieron encuentros.

Las familias observaban la posibilidad con buenos ojos.

La prensa realizó sus propias conjeturas.

Pero aquello nunca se convirtió en el gran noviazgo que tantas veces se ha contado después.

La propia Sofía lo resumió como un intento de “emparejamiento forzado” que no produjo resultados.

¿Harald rechazó entonces a la futura reina de España?

Depende de qué entendamos por rechazo.

Harald sí terminó rechazando el modelo matrimonial que Sofía representaba.

Tenía ante sí la posibilidad de cumplir exactamente aquello que se esperaba de un heredero: casarse con una princesa de sangre real, perteneciente a una importante dinastía europea y perfectamente preparada para convertirse algún día en reina.

No lo hizo.

Pero de ahí no se desprende automáticamente que existiera un romance serio entre Harald y Sofía y que él rompiera el corazón de la princesa.

No existe evidencia sólida de:

  • un compromiso formal;
  • una petición matrimonial;
  • un noviazgo reconocido oficialmente;
  • una ruptura sentimental entre ambos.

Existieron acercamientos y expectativas matrimoniales.

Eso sí puede sostenerse.

Y precisamente en aquellos mismos años estaba ocurriendo algo mucho más decisivo en la vida de Harald.

Había conocido a Sonja.

Mientras le buscaban una princesa, Harald conoció a Sonja

Sonja Haraldsen nació el 4 de julio de 1937 en Oslo.

Era apenas unos meses menor que Harald.

Sus padres eran Karl August Haraldsen y Dagny Ulrichsen.

La familia vivía en Vinderen, Oslo.

Sonja no pertenecía a ninguna casa real.

Tampoco a la nobleza.

Pero reducirla a la palabra “plebeya”, como suelen hacer las historias de princesas, impide conocer quién era realmente.

Había recibido una formación notable.

Estudió confección y sastrería en Oslo y posteriormente viajó a Suiza para continuar su preparación en Lausana, donde estudió ciencias sociales, contabilidad y diseño de moda.

Más adelante cursó inglés, francés e historia del arte.

Obtuvo una formación universitaria en la Universidad de Oslo.

Además, llegó a certificarse como instructora de esquí.

Era una joven culta, independiente y mucho más preparada de lo que permite imaginar el cliché de “la chica común que conquistó al príncipe”.

La fiesta que cambió la vida de Harald

La Casa Real sitúa el primer encuentro entre Harald y Sonja en 1959.

Investigaciones periodísticas noruegas han permitido reconstruir mejor aquel episodio.

Un amigo común de ambos, Johan Stenersen, organizó una reunión.

Stenersen conocía a Harald desde la escuela.

Sonja estaba invitada.

Harald también.

Años después, al recordar aquel encuentro, tanto Harald como Sonja dejaron claro que la atracción surgió muy pronto.

Harald llegó a describirlo como una especie de flechazo.

Al final de aquella primera velada, el príncipe tomó la mano de Sonja.

Poco después la invitó al baile de graduación de la Academia Militar.

Los fotógrafos los captaron juntos.

Parecía comenzar simplemente un romance entre dos jóvenes de 22 años.

Para Sonja y Harald terminaría convirtiéndose en una espera de casi una década.

Harald y Sonja en los primeros años de su relación. Se conocieron en 1959 y mantuvieron un noviazgo discreto durante nueve años.
Harald y Sonja en los primeros años de su relación. Se conocieron en 1959 y mantuvieron un noviazgo discreto durante nueve años.

El verdadero obstáculo no era el amor: era la Corona

Harald podía enamorarse de Sonja.

El problema era casarse con ella.

El príncipe era el único hijo varón del rey.

Sobre él descansaba la continuidad directa de la dinastía.

Un matrimonio con una mujer sin sangre real representaba, para una parte de la clase política y de la sociedad, una ruptura demasiado profunda con la tradición.

El debate no fue pequeño.

La propia Casa Real reconoce que hubo quienes llegaron a prever que semejante boda podría perjudicar gravemente a la institución.

Harald y Sonja mantuvieron su relación durante nueve años.

Esperaron.

Se encontraron discretamente.

Vieron pasar los años mientras el permiso real no llegaba.

Y Harald se acercaba a los 30 sin haber aceptado ninguna de las alternativas dinásticas que se le presentaban.

Finalmente adoptó una postura que terminó cambiándolo todo.

Sonja o nadie

Las reconstrucciones biográficas coinciden en que Harald dejó claro a su padre que si no podía casarse con Sonja, no se casaría con otra mujer.

La frase tenía enormes implicaciones.

No era simplemente un hijo diciendo a su padre que estaba enamorado.

Era el heredero al trono.

Era el único hombre de la línea sucesoria directa de su generación.

Si Harald permanecía soltero y sin descendencia, la continuidad de la dinastía podía convertirse en un problema real.

Olav no tomó la decisión en solitario.

Consultó al primer ministro, al Gobierno, al presidente del Storting y a los dirigentes de los principales partidos políticos.

Finalmente cedió.

El 19 de marzo de 1968, se anunció oficialmente el compromiso.

Harald podía casarse con Sonja.

Nueve años después, Sonja entró a la catedral del brazo del rey que había dudado de la boda

La boda se celebró el 29 de agosto de 1968 en la catedral de Oslo.

La ciudad se llenó de banderas y flores.

Cerca de 3,000 miembros de las fuerzas armadas se colocaron a lo largo del recorrido ceremonial.

Aproximadamente 850 invitados asistieron a la ceremonia.

La catedral fue decorada con miles de flores.

Pero entre todos los detalles de aquella boda existe uno especialmente simbólico.

El padre de Sonja había muerto años antes.

Quien la condujo hacia el altar fue el rey Olav V.

El mismo monarca que había tenido que decidir si una mujer sin sangre real podía algún día convertirse en reina de Noruega entregaba públicamente a Sonja a su hijo.

La historia había cambiado.

También la monarquía.

Harald y Sonja el día de su boda, celebrada el 29 de agosto de 1968 en la catedral de Oslo.

Harald y Sonja el día de su boda, celebrada el 29 de agosto de 1968 en la catedral de Oslo. El enlace puso fin a nueve años de espera y marcó un punto de inflexión en la monarquía noruega al permitir que el heredero se casara con una mujer sin origen real ni aristocrático.

Sonja abrió una puerta que después cruzarían otros

El matrimonio de Harald y Sonja fue importante mucho más allá de su historia personal.

Una generación después, el propio hijo de ambos, Haakon, se casaría con Mette-Marit Tjessem Høiby, una mujer sin origen aristocrático y madre soltera.

Otros herederos europeos seguirían caminos parecidos.

Felipe de España se casaría con Letizia Ortiz.

Federico de Dinamarca, con Mary Donaldson.

Victoria de Suecia, con Daniel Westling.

Guillermo de los Países Bajos, con Máxima Zorreguieta.

Guillermo de Gales, con Catherine Middleton.

El matrimonio entre heredero y ciudadana común dejó de ser una amenaza para una monarquía.

En buena medida, parejas como Harald y Sonja habían comenzado a demostrarlo décadas antes.

México formó parte de su singular luna de miel

Apenas unas semanas después de la boda, Harald y Sonja viajaron a México.

Pero no llegaron como una pareja convencional de recién casados.

Harald venía a competir en los Juegos Olímpicos de México 1968.

La vela era mucho más que un pasatiempo para él.

Era un deportista de alto nivel.

Mientras Harald se alojaba con la delegación olímpica, Sonja acompañaba aquella experiencia desde México y pasó parte de esos días en Acapulco.

Décadas después, ella misma recordaría aquella particular luna de miel vinculada a los Juegos.

Una pequeña conexión mexicana dentro de una historia profundamente europea.

Harald, el rey olímpico

La pasión de Harald por la navegación deportiva merece un capítulo propio.

Representó a Noruega en tres Juegos Olímpicos de verano:

  • Tokio 1964;
  • México 1968;
  • Múnich 1972.

En Tokio fue además abanderado de la delegación noruega durante la ceremonia inaugural.

Su actividad competitiva continuó durante décadas.

En 1987, junto con la tripulación del Fram X, consiguió el campeonato mundial.

En 2005, con el Fram XV, obtuvo el campeonato europeo.

Harald continuó participando en regatas nacionales e internacionales durante buena parte de su vida adulta.

Pocos monarcas europeos pueden incorporar a su biografía algo semejante:

tres Juegos Olímpicos y un campeonato mundial como deportista.

Harald desarrolló una auténtica carrera deportiva en la vela y representó a Noruega en tres Juegos Olímpicos- Tokio 1964, México 1968 y Múnich 1972.
Harald desarrolló una auténtica carrera deportiva en la vela y representó a Noruega en tres Juegos Olímpicos- Tokio 1964, México 1968 y Múnich 1972.

El nacimiento de Märtha Louise y Haakon

Harald y Sonja tuvieron dos hijos.

La primera fue Märtha Louise, nacida el 22 de septiembre de 1971.

Dos años después, el 20 de julio de 1973, nació Haakon Magnus.

Y la historia volvió a mostrar las contradicciones de las antiguas reglas sucesorias.

Märtha Louise era la primogénita.

Pero Haakon era varón.

Por ello, él se convirtió en heredero.

El mismo principio que décadas antes había colocado a Harald por delante de sus hermanas seguía vigente.

No permanecería así para siempre.

Harald y Sonja junto a sus hijos, la princesa Märtha Louise y el príncipe Haakon, durante los primeros años de la familia.
Harald y Sonja junto a sus hijos, la princesa Märtha Louise y el príncipe Haakon, durante los primeros años de la familia.

La reforma que abrió el camino a una reina

El 29 de mayo de 1990, Noruega reformó las reglas sucesorias para incorporar el principio de primogenitura independientemente del sexo.

A partir de entonces, el hijo mayor tendría prioridad sin importar si era hombre o mujer.

Sin embargo, la reforma incluyó disposiciones para las generaciones que ya habían nacido.

Por esa razón, Haakon mantuvo la precedencia sobre Märtha Louise, pese a ser menor.

La siguiente generación sí se rige de otra manera.

La primogénita de Haakon, Ingrid Alexandra, precede a su hermano Sverre Magnus.

La reforma de 1990 convirtió así a la princesa en una posible futura reina reinante de Noruega, una posibilidad que habría sido constitucionalmente imposible cuando nacieron Ragnhild y Astrid.

Tres generaciones de la Casa Real noruega- el rey Harald V, el príncipe heredero Haakon y la princesa Ingrid Alexandra.
Tres generaciones de la Casa Real noruega- el rey Harald V, el príncipe heredero Haakon y la princesa Ingrid Alexandra.

La familia de Märtha Louise

La princesa Märtha Louise se casó en 2002 con el escritor y artista Ari Behn.

Tuvieron tres hijas:

  • Maud Angelica;
  • Leah Isadora;
  • Emma Tallulah.

El matrimonio terminó en divorcio.

Ari Behn murió en 2019.

Posteriormente Märtha Louise inició una relación con el estadounidense Durek Verrett, con quien contrajo matrimonio en 2024.

Su relación con la Casa Real ha seguido un modelo particular: Märtha Louise conserva su condición de princesa, pero sus actividades comerciales y personales están diferenciadas de la representación institucional de la monarquía.

El rey Harald V acompañó a su hija, la princesa Märtha Louise, durante su boda con Durek Verrett, celebrada el 31 de agosto de 2024 en Geiranger, Noruega.

El rey Harald V acompañó a su hija, la princesa Märtha Louise, durante su boda con Durek Verrett, celebrada el 31 de agosto de 2024 en Geiranger, Noruega. La presencia del monarca subrayó la aprobación de Harald al matrimonio de su hija , en la ceremonia también estuvo la reina Sonja.

Haakon y Mette-Marit

El príncipe heredero Haakon se casó con Mette-Marit Tjessem Høiby en 2001.

Su matrimonio volvió a poner a prueba algunos de los prejuicios que Sonja había tenido que enfrentar décadas antes.

Mette-Marit no pertenecía a la aristocracia.

Tenía un hijo de una relación anterior, Marius Borg Høiby.

Pero la monarquía que recibió a Mette-Marit era bastante distinta de aquella que en 1959 consideraba casi impensable que Harald pudiera casarse con Sonja.

Haakon y Mette-Marit tuvieron dos hijos:

Ingrid Alexandra, nacida en 2004,

y

Sverre Magnus, nacido en 2005.

Tres generaciones permiten observar perfectamente la transformación:

Harald tuvo que esperar nueve años para casarse con una mujer sin título.

Haakon pudo casarse con una ciudadana común que ya era madre.

Ingrid Alexandra creció en una monarquía donde ser mujer ya no le impide ocupar el lugar que le corresponde por nacimiento.

Los reyes Harald V y Sonja junto al príncipe heredero Haakon, Mette-Marit y sus hijos, la princesa Ingrid Alexandra y el príncipe Sverre Magnus.
Los reyes Harald V y Sonja junto al príncipe heredero Haakon, Mette-Marit y sus hijos, la princesa Ingrid Alexandra y el príncipe Sverre Magnus.

La muerte de Olav V y el comienzo de un nuevo reinado

El rey Olav V enfermó en 1990.

Harald comenzó entonces a asumir las funciones del jefe de Estado como príncipe heredero regente.

El 17 de enero de 1991, Olav murió.

En ese instante, Harald se convirtió constitucionalmente en:

Harald V, rey de Noruega.

Habían pasado casi 34 años desde que, tras la muerte de su abuelo, se había convertido en heredero.

Prestó juramento ante el Storting y adoptó el mismo lema utilizado por su padre y su abuelo:

Alt for Norge

Todo por Noruega.

El 23 de junio de 1991, Harald y Sonja fueron consagrados en la histórica catedral de Nidaros, en Trondheim.

No hubo coronación.

La antigua ceremonia había dejado de utilizarse después de Haakon VII y Maud.

Sonja se convertía finalmente en reina.

Aquella joven de Vinderen que durante nueve años había esperado saber si alguna vez tendría permiso para casarse con Harald ocupaba ahora su lugar junto al rey.

El rey Harald V y la reina Sonja durante su consagración en la catedral de Nidaros, en Trondheim, el 23 de junio de 1991.

El rey Harald V y la reina Sonja durante su consagración en la catedral de Nidaros, en Trondheim, el 23 de junio de 1991. La ceremonia marcó el inicio simbólico de una nueva etapa para la monarquía noruega después de la muerte de Olav V y convirtió a Sonja en la primera reina de Noruega en 53 años. 

Qué significa ser rey en Noruega

El título puede sonar absoluto.

El poder no lo es.

Noruega es una monarquía constitucional y parlamentaria.

El rey es jefe del Estado, pero la conducción política corresponde al Gobierno elegido bajo el sistema parlamentario.

Sus funciones son principalmente representativas y constitucionales.

Entre ellas se encuentran:

  • presidir formalmente el Consejo de Estado;
  • abrir el Storting;
  • intervenir en los procedimientos institucionales ligados a la formación y cambio de gobiernos;
  • recibir las credenciales de los embajadores;
  • representar al Estado noruego;
  • desempeñar la jefatura ceremonial de las Fuerzas Armadas.

Harald posee rango de general del Ejército y la Fuerza Aérea y de almirante de la Armada.

Pero medir el significado de un monarca constitucional únicamente por sus poderes legales sería no comprender su función.

Harald terminó desarrollando otra clase de autoridad.

La simbólica.

El rey Harald V ha rechazado públicamente la posibilidad de abdicar.

El rey Harald V ha rechazado públicamente la posibilidad de abdicar. Ha explicado que entiende el juramento que prestó al asumir la Corona como un compromiso para toda la vida, por lo que considera que su deber como rey termina únicamente cuando ya no pueda ejercerlo.

El rey que tuvo que hablar cuando Noruega estaba de luto

Uno de los momentos más importantes de su reinado ocurrió en 2011.

El 22 de julio, Noruega sufrió los ataques terroristas de Oslo y Utøya.

Murieron 77 personas.

El país quedó profundamente conmocionado.

En momentos semejantes, un rey constitucional no dirige investigaciones ni diseña políticas públicas.

Su tarea es distinta.

Representa la continuidad del Estado y, en ocasiones, pone palabras a una emoción colectiva para la que casi nadie encuentra lenguaje.

Harald desempeñó precisamente ese papel.

Participó en ceremonias de duelo, se reunió con víctimas y familiares y utilizó sus discursos para hablar de unidad, dolor y comunidad.

Fue uno de esos episodios en los que se entendió por qué una institución que prácticamente no gobierna puede seguir conservando enorme fuerza simbólica.

El discurso que definió su idea de Noruega

Cinco años después, el 1 de septiembre de 2016, Harald pronunció uno de los discursos más recordados de la monarquía noruega contemporánea.

Lo hizo durante una celebración en los jardines del Palacio Real.

Comenzó hablando de geografía y de identidad nacional.

Pero rápidamente llevó su discurso hacia algo bastante más profundo.

Describió una Noruega formada por personas de diferentes orígenes, creencias, situaciones económicas, edades y estructuras familiares.

Habló explícitamente de chicas que aman a chicas y chicos que aman a chicos.

De personas que creen en Dios.

De quienes creen en Alá.

De quienes creen en el universo.

Y de quienes no creen en nada.

Terminó con una idea sencilla:

Noruega son sus personas.

Era una imagen del país muy diferente de aquella Europa monárquica en la que Harald había nacido.

Y quizá ahí se encuentra una de las paradojas más interesantes de su biografía.

El hombre cuyo matrimonio con Sonja había sido considerado demasiado moderno terminó representando una monarquía que aprendió a convivir con una sociedad mucho más diversa.

En 2016, Harald definió una Noruega diversa e inclusiva, resumida en una idea poderosa- “Noruega eres tú. Noruega somos nosotros”.
En 2016, Harald definió una Noruega diversa e inclusiva, resumida en una idea poderosa- “Noruega eres tú. Noruega somos nosotros”.

Un rey profundamente ligado a la naturaleza

Hay otro elemento que ayuda a comprender a Harald y que suele quedar relegado frente a su historia matrimonial.

Su relación con la naturaleza.

Mucho antes de que la defensa del medio ambiente se convirtiera en una causa universal de las casas reales europeas, Harald participó en el establecimiento de la rama noruega del World Wide Fund for Nature, WWF.

Fue presidente de WWF Noruega durante aproximadamente 20 años.

La caza, la pesca, la montaña, la navegación y la vida al aire libre han formado parte constante de su vida.

Ese interés está profundamente conectado con la propia identidad noruega, un país donde la relación con el paisaje no es únicamente turística, sino cultural.

Una monarquía que cambió junto con él

La historia de Harald V permite seguir también la transformación de las monarquías europeas durante casi un siglo.

Nació cuando el sexo de un bebé podía determinar el futuro de una dinastía.

Vivió una guerra en la que un rey todavía podía transformarse en símbolo de resistencia nacional.

Fue educado bajo la expectativa de casarse con una princesa.

Vio cómo su relación con Sonja provocaba discusiones políticas.

Esperó nueve años por autorización.

Después vio casarse a su propio hijo con una mujer sin título que ya era madre.

Y vio cómo una reforma constitucional colocaba a una nieta en posición de heredar la Corona sin que su sexo representara impedimento alguno.

Harald no destruyó la tradición.

La fue acompañando mientras cambiaba.

Y Sofía terminó convirtiéndose en reina de España

La historia todavía reservaba una ironía.

La princesa que en algún momento fue vista como posible esposa del heredero noruego terminó construyendo otro destino.

Sofía de Grecia conoció al entonces príncipe Juan Carlos de Borbón.

Se casaron en Atenas el 14 de mayo de 1962.

Tuvieron tres hijos: Elena, Cristina y Felipe.

En 1975, tras la muerte de Francisco Franco y la restauración de la monarquía, Juan Carlos se convirtió en rey de España.

Sofía se convirtió en reina.

Es decir, las dos mujeres vinculadas de formas muy diferentes a la juventud de Harald terminaron ocupando un trono. Una por nacimiento real y matrimonio dinástico. La otra después de haber nacido fuera de cualquier familia aristocrática.

Sofía se convirtió en reina de España.

Sonja se convirtió en reina de Noruega.

Y probablemente ésa sea la forma más interesante de contar aquella vieja historia.

No como una competencia romántica entre dos mujeres.

Sino como el reflejo de una época en la que las casas reales todavía intentaban organizar matrimonios siguiendo las antiguas reglas mientras una nueva generación comenzaba a decidir por sí misma.

Y la vida reunió de otra forma a Sofia de Grecia y a Harald de Noruega.
Y la vida reunió de otra forma a Sofia de Grecia y a Harald de Noruega.

El hombre detrás de la Corona

Detrás de títulos, genealogías y ceremonias existe finalmente una historia bastante humana.

Harald nació con su futuro prácticamente decidido.

Sabía qué institución tendría que representar.

Sabía qué responsabilidades heredaría.

Le habían enseñado cómo debía comportarse un príncipe.

Qué formación debía recibir.

Qué obligaciones tendría.

Y, probablemente, qué clase de mujer se esperaba que eligiera.

En la decisión más íntima de todas hizo algo distinto.

Eligió a Sonja.

La espera duró nueve años.

Pudo haber aceptado un matrimonio muchísimo más sencillo desde el punto de vista dinástico.

No lo hizo.

Décadas después, aquella decisión parece casi normal.

En 1959 no lo era.

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Y quizá por eso la historia de Harald V de Noruega resulta mucho más significativa que el cuento de un príncipe que se enamoró de una plebeya.

Es la historia de un heredero nacido para conservar una dinastía que terminó ayudando a demostrar que una monarquía también puede sobrevivir cuando se atreve a cambiar algunas de sus reglas.

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