
En este 25N, hablemos de la violencia que no deja moretones
Marcela Nazar
Durante más de tres décadas en las redacciones, he aprendido que la violencia contra las mujeres no siempre deja moretones visibles, pero sí cicatrices profundas. A veces se manifiesta en un grito, otras en un silencio impuesto; en ocasiones viene envuelta en halagos disfrazados, y otras tantas aparece en forma de golpes verbales que buscan disminuir, callar o borrar la voz femenina. Y lo más alarmante es que, durante años, muchas aprendimos a normalizarlo.
En este Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, vale detenernos un momento para mirar más allá de la agresión física y reconocer la amplia gama de violencias que todavía se ejercen contra nosotras en los hogares, en las calles, en redes sociales, en los espacios laborales y hasta entre mujeres mismas.
La violencia que no aparece en los titulares pero lastima igual
La violencia contra las mujeres adopta formas silenciosas, sutiles y socialmente aceptadas. Muchas de ellas pasan desapercibidas porque no encajan en la idea tradicional del “agresor masculino” que golpea a su pareja. Pero la realidad es mucho más compleja.


Misoginia cotidiana: la normalización de despreciar lo femenino
Cuando se dice que “una mujer con carácter NECESITA un novio”, lo dicen para reforzar la idea de que a las mujeres nos calma "tener un hombre". Cuando se cuestiona que una mujer defienda sus derechos, se ridiculiza su fuerza. Cuando se desacredita su competencia profesional insinuando que “solo está histérica”, o "está en sus días", se niega su valor. Todo eso es violencia.
Y lo vemos no solo en la conversación pública, sino también en espacios donde debería haber respeto. La misoginia no siempre es un insulto directo: a veces es un comentario que desinfla, una broma que hiere o una insinuación que limita.

La violencia digital: el linchamiento desde un teclado
La irrupción de redes sociales ha creado un nuevo campo donde la violencia se reproduce con brutalidad. Lo vimos recientemente con figuras públicas insultadas, descalificadas y hasta amenazadas de muerte por el simple hecho de triunfar, opinar o existir. Atacar a Fatima Bosch porque ganó Miss Universo, desearle la muerte o cuestionar su valor personal es violencia digital, una que va en aumento en México, América Latina y el mundo.
La violencia entre mujeres: un fenómeno que también existe
Creemos que la violencia siempre viene de un hombre, pero no es así. Hay mujeres que replican discursos misóginos, que humillan a otras por su edad, su cuerpo, su forma de pensar o de vivir. Decirle a una mujer de mediana edad “menopáusica” como insulto o solo por demeritarla, es violencia. Hacer bromas hirientes entre amigas, usar secretos personales para ridiculizar o invalidar a otra mujer también lo es. La violencia de género no excluye a mujeres como agresoras; reproduce estructuras que nos atraviesan a todas.

Violencia laboral: cuando el poder se usa para callar
Existen agresores perfectamente vestidos de traje, con cargos directivos y una sonrisa para las cámaras. En mi trayectoria periodística, también enfrenté esa violencia. Un jefe (en el último medio de comunicación en el que estuve) que buscó humillar, desacreditar y neutralizar mi trabajo por la simple razón de que yo sabía más que él y, en su lógica, una mujer no debía incomodar su autoridad. Esa violencia no deja hematomas, pero impacta en la autoestima, la estabilidad y la seguridad profesional.
En México, según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, una de cada tres mujeres ha vivido violencia laboral. Y muchas no denuncian porque temen perder su empleo.
Las señales tempranas que no deben ignorarse
Toda forma de violencia comienza con un detalle pequeño:
-Un comentario que te incomoda.
-Una burla sobre tu apariencia o tu edad.
-Un jefe que te silencia o te toma como amenaza.
-Una pareja que “prohíbe” algo porque “así debe ser”.
-Una amiga que hiere bajo el pretexto de “solo era broma”.
-Un extraño que te insulta en redes por opinar.
Son avisos. Son límites que se cruzan. Son alertas que indican que ese no es tu lugar.
Salir a tiempo es un acto de protección. No se trata de valentía, sino de reconocer que nadie merece vivir donde se le resta valor.
Hacia una cultura de respeto y prevención
Eliminar la violencia contra las mujeres no es un propósito de un solo día: es un desafío colectivo que exige reconocer que todas las agresiones, grandes o pequeñas, importan. Desde las políticas públicas hasta los espacios digitales, desde las redacciones hasta los hogares, necesitamos construir entornos donde la dignidad sea innegociable.
Porque la violencia no siempre grita, pero siempre duele. Y porque cada mujer merece un espacio donde su voz sea escuchada sin miedo, sin burlas y sin silencios impuestos.


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