
JM Video en París: la resistencia de las tiendas de DVD frente al dominio del streaming

En el corazón de París, JM Video sobrevive como testigo de una época en la que alquilar una película era disfrutar de un ritual tangible. Con más de 50 mil títulos en su acervo —más que muchos catálogos digitales— esta tienda de DVDs es una de las últimas defensas culturales frente al territorio conquistado por plataformas como Netflix, Disney+, Amazon Prime y otras. Pero enfrentar el streaming tiene costos: alquileres, salarios, clientes que migran, y la urgencia de mantener viva una alternativa al consumo algorítmico.
La historia detrás de JM Video
Fundada en 1982, JM Video fue parte de los cerca de 5 mil videoclubs que existían en Francia a finales del siglo XX. Con el auge del internet y las plataformas digitales más accesibles, aquel número ha caído hasta aproximadamente 10 tiendas de renta de DVD para todo el país, solo dos de ellas ubicadas en París.
Theo Bancilhon, responsable de la tienda, reporta pérdidas cercanas a 20 mil euros en los últimos dos años, mientras los gastos como renta y sueldos se elevan. Ante esta situación, JM Video lanzó una campaña de financiamiento colectivo (crowdfunding) que recaudó cerca de 26 mil euros en menos de dos semanas, aunque necesita 35 mil euros para asegurar su supervivencia inmediata y 65 mil euros para estabilizarse a largo plazo.



Claves de la resistencia: por qué aún hay quienes regresan al DVD
Catálogo único: Más de 50,000 películas en colección, muchas de ellas difíciles de localizar en streaming. Esto atrae sobre todo a cinéfilos que buscan títulos menos comerciales, clásicos, formatos físicos o material no licenciado digitalmente.
Experiencia presencial: El ritual de entrar a la tienda, explorar estanterías, hojear carátulas, hablar con expertos es parte del encanto. Para algunos jóvenes, este tipo de vivencia ofrece un contraste poderoso frente al consumo instantáneo.
Formato físico vs algoritmo: JM Video se presenta como “un faro en la noche” que apuesta por otra forma de acercarse al cine, una que no esté dictada por recomendaciones digitales ni tendencias de consumo masivo.

Desafíos estructurales que amenazan su futuro
Costos fijos elevados: El alquiler en París está entre los más altos del mundo, lo que pone presión constante sobre tiendas de barrio con poco margen.
Pérdida de clientela: Cada vez más público consume cine y series exclusivamente vía streaming, lo que reduce la base de clientes que prefieren o pueden pagar por la experiencia física.
Competencia de plataformas digitales: No solo por la cantidad de contenido ofrecido, sino por la comodidad, la variedad, la actualización constante y los precios escalonados.
Necesidad de adaptación: JM Video depende de una campaña de crowdfunding para sostenerse. Eso señala que la rentabilidad tradicional ya no alcanza sin apoyo externo o nuevas fuentes de ingresos.

Lo que significa para la cultura global
La historia de JM Video no es solamente parisina. Es parte de una conversación global sobre cómo preservamos la diversidad cultural, el acceso a obras menos populares, y espacios físicos que fomenten comunidad. Cuando los algoritmos deciden lo que vemos, las tiendas como esta recuerdan que el cine —y más ampliamente la cultura— también fluye por decisiones personales, por curiosidad, por exploración, no solo por recomendaciones automatizadas.
Este tipo de iniciativas plantea preguntas: ¿Puede ser rentable hoy día algo que parece nostálgico? ¿Estamos perdiendo algo importante cuando las generaciones futuras solo conocen el cine como streaming?


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