
Gripe estacional: los hábitos cotidianos que pueden frenar el contagio antes de que empiece
Pequeñas acciones diarias, avaladas por expertos, que reducen el riesgo de infección y protegen la salud respiratoria
Pequeñas acciones diarias, avaladas por expertos, que reducen el riesgo de infección y protegen la salud respiratoria
Vida y Estilo13 de enero de 2026 Maggie Abraham
Cada temporada de gripe trae consigo la misma escena: salas de espera llenas, ausencias laborales, niños faltando a la escuela y una cadena silenciosa de contagios que avanza sin hacer ruido. Aunque suele minimizarse como una enfermedad “común”, la gripe estacional continúa siendo un problema de salud pública que afecta a millones de personas cada año y que, en ciertos casos, puede derivar en complicaciones serias.


El problema no es solo el virus, sino la forma en la que se propaga: rutinas aceleradas, espacios cerrados, descuidos cotidianos y una falsa sensación de control que lleva a bajar la guardia. La buena noticia es que, de acuerdo con especialistas en salud y organismos internacionales, existen hábitos sencillos —al alcance de cualquiera— que pueden reducir de manera significativa el riesgo de contagio de gripe si se aplican de forma constante.
La gripe es una infección respiratoria causada por virus que se transmiten principalmente a través de pequeñas gotas expulsadas al hablar, toser o estornudar. También puede propagarse al tocar superficies contaminadas y luego llevar las manos a la boca, nariz u ojos. Su capacidad de contagio explica por qué se propaga con rapidez en hogares, oficinas, transporte público y centros escolares.
Más allá de la fiebre y el malestar general, la gripe puede representar un riesgo mayor para personas con sistemas inmunológicos debilitados, adultos mayores, niños pequeños y quienes padecen enfermedades crónicas.
El lavado frecuente de manos sigue siendo una de las medidas más eficaces para prevenir la gripe. Lavarse con agua y jabón durante al menos 20 segundos ayuda a eliminar virus que se acumulan tras el contacto con superficies de uso común como barandales, celulares o teclados. Cuando no hay acceso a agua, los desinfectantes con base de alcohol representan una alternativa efectiva.

La prevención de la gripe no depende únicamente de evitar el contacto con el virus, sino también de la capacidad del organismo para enfrentarlo. Una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras y nutrientes esenciales, junto con un descanso adecuado, actividad física regular y manejo del estrés, contribuyen a fortalecer el sistema inmunológico y reducir la vulnerabilidad ante infecciones respiratorias.
Dormir lo suficiente no es un lujo: es una necesidad biológica directamente relacionada con la respuesta inmune del cuerpo.
Los cambios repentinos de temperatura pueden afectar las defensas naturales del organismo. Pasar de ambientes muy fríos a otros cálidos —o viceversa— de forma constante puede generar estrés fisiológico y favorecer infecciones respiratorias. Mantener una temperatura corporal estable y protegerse adecuadamente del clima es parte de la prevención.
La acumulación de partículas virales en espacios cerrados incrementa el riesgo de contagio. Ventilar habitaciones, oficinas y espacios comunes permite renovar el aire y reducir la concentración de virus en el ambiente. Incluso abrir ventanas durante algunos minutos al día puede marcar una diferencia importante.

Evitar el contacto cercano con personas que presentan síntomas gripales es una medida básica, pero crucial. De igual forma, quedarse en casa cuando se presentan signos de enfermedad ayuda a cortar la cadena de transmisión. En contextos de síntomas respiratorios, el uso de mascarilla sigue siendo una herramienta útil para proteger a otros.
Mantener una adecuada hidratación favorece el buen estado de las mucosas respiratorias, que actúan como una primera línea de defensa frente a virus y bacterias. Beber suficiente agua ayuda al organismo a mantener sus funciones de protección y recuperación.
Reducir el riesgo de contagio de gripe no depende de una sola acción, sino de la suma de hábitos cotidianos sostenidos en el tiempo. Son decisiones simples, integradas a la rutina diaria, las que pueden marcar la diferencia entre enfermar o mantenerse saludable durante la temporada de gripe estacional.

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