
No estás desorganizada: estás saturada
Georgina Pintado
Hay días en los que una pasa horas haciendo cosas y, aún así, al final del día terminas sintiendo que no avanzaste nada.
La cocina está a medio recoger. Hay mensajes que urgían que aún no has respondido. Entras a un cuarto y olvidas a que ibas. Entre mensajes y llamadas el celular suena todo el día. Abriste el celular para buscar algo y terminaste olvidando qué era. Hay pendientes pequeños acumulándose en la mente como ventanas abiertas de la computadora que no hay manera que termines de cerrar.
Y entonces llega el final del día y tienes esa silenciosa pero persistente sensación de que no fue suficiente el día o ¿por qué ya no puedo organizarme?


Muchas mujeres viven convencidas de que el problema es falta de disciplina, mala administración del tiempo o incapacidad personal. Se exigen más, intentan hacer listas, descargan aplicaciones, ven videos sobre productividad, prometen empezar de nuevo el lunes, con más ganas con una nueva idea.
Pero a veces el problema no es la desorganización, a veces el problema es saturación.
El cansancio no siempre es agotamiento físico
Existe un cansancio que no siempre se nota desde afuera. No es necesariamente tristeza, no siempre se parece al agotamiento físico, a veces, se manifiesta como dificultad para pensar con claridad, irritabilidad, olvidos contantes o una sensación permanente de estar "atrasada" en la vida.
Muchas mujeres pasan el día tomando decisiones para todos. Recordando cosas que nadie más recuerda, resolviendo pendientes invisibles, sosteniendo conversaciones, cuadrando horarios, emociones, compras, citas, comidas y preocupaciones que parecen no terminar mientras intentan seguir funcionando como si todo eso no pesara.
La carga mental rara vez se ve, pero se acumula. Y cuando la mente vive demasiado tiempo en modo supervivencia, incluso las tareas más simples empiezan a sentirse difíciles. Elegir qué cocinar puede parecer agotador, contestar mensajes requiere energía; concentrarse se vuelve complicado. Descansar deja de sentirse como un descanso porque la mente nunca termina de apagarse.
Lo más duro es que muchas veces este cansancio viene acompañado de culpa. Culpa por no poder con todo, por sentirse rebasada, por necesitar pausas y por ya no ser "la de antes".

La exigencia de querer poder con todo
Vivimos en una cultura que admira a las mujeres que siempre pueden más. Las eficientes, las disponibles, las que resuelven todo sin detenerse. Pero pocas veces se habla del costo interno de vivir sosteniendo demasiado durante demasiado tiempo.
Tal vez por eso tantas mujeres terminan creyendo que están fallando, cuando en realidad llevan años funcionando agotadas.
La claridad mental no desaparece de un día para otro. Se va perdiendo lentamente entre el ruido, las prisas, las exigencias y la sensación de que nunca hay suficiente tiempo para simplemente estar.
Y quizá ahí está una de las conversaciones más importantes que casi no tenemos: la posibilidad de dejar de exigirnos como máquinas y empezar a reconocer el cansancio antes de convertirlo en una forma permanente de vida.
Porque tal vez no necesitas volverte más eficiente.
Tal vez necesitas recuperar espacio mental para volver a escucharte.
No estás desorganizada: estás saturada





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