
Gloria Steinem: cuando la vida de las mujeres fue noticia

Hay figuras que terminan convertidas en símbolos y, al hacerlo, corren el riesgo de que el símbolo eclipse el oficio que las construyó.
Gloria Steinem fue una de ellas.
La periodista, escritora y activista estadounidense murió el miércoles 2 de septiembre de 2026, a los 92 años, en su casa de Nueva York. La noticia fue dada a conocer este jueves por su entorno y confirmada por medios como Reuters y Associated Press.


Durante más de medio siglo su nombre estuvo ligado al movimiento feminista, pero antes de convertirse en una de sus caras más reconocibles hubo algo esencial: Gloria Steinem fue periodista.
Y quizá una de sus mayores aportaciones al oficio consistió en comprender algo que hoy parece evidente, pero que durante buena parte del siglo XX no lo era:
lo que ocurría en la vida de las mujeres también podía ser noticia.
No solo las elecciones, las guerras, los presidentes o las decisiones económicas merecían ocupar páginas.
También el trabajo mal pagado. La maternidad. La violencia dentro de casa. El aborto. La desigualdad salarial. La presión estética. La sexualidad. La discriminación laboral. El derecho a decidir sobre la propia vida.
Temas que durante décadas habían sido enviados a las páginas consideradas “femeninas” podían explicar, en realidad, cómo funcionaba toda una sociedad.
Antes del feminismo estuvo la reportera
Steinem nació el 25 de marzo de 1934 en Toledo, Ohio.
Estudió en Smith College, donde se graduó magna cum laude en 1956, y posteriormente pasó dos años en India gracias a una beca. A su regreso intentó abrirse paso como periodista en Nueva York.
No era un mundo especialmente dispuesto a recibirla.
Las redacciones estadounidenses de finales de los cincuenta y principios de los sesenta estaban dominadas por hombres. A las periodistas se les asignaban con frecuencia temas relacionados con moda, hogar o estilo de vida mientras las historias políticas y los grandes reportajes quedaban en manos masculinas.
Steinem trabajó como freelance.
Y entonces apareció la historia que cambiaría su carrera.

Once días detrás del disfraz de Playboy
En 1963 aceptó infiltrarse como empleada en el Playboy Club de Nueva York para investigar las verdaderas condiciones laborales de las llamadas Bunnies.
Utilizó un nombre falso, se sometió al proceso de contratación y trabajó durante once días antes de publicar para la revista Show el reportaje que terminaría siendo conocido como “A Bunny's Tale”.
Detrás de la imagen glamorosa encontró salarios inferiores a los prometidos, controles sobre el aspecto de las trabajadoras, sexualización y condiciones laborales mucho menos atractivas de lo que proyectaba la publicidad del club.
El reportaje la hizo conocida.
Paradójicamente, también complicó su carrera.
Steinem contó años después que durante algún tiempo resultó más difícil que los editores la tomaran en serio como periodista: la mujer que se había disfrazado de Bunny terminó siendo recordada más por el traje que por la investigación que había realizado.
La ironía resulta reveladora.
Había utilizado una de las herramientas más clásicas del periodismo de investigación —entrar en un entorno para observar lo que ocurría desde dentro— y, sin embargo, la propia naturaleza sexualizada de aquello que había investigado amenazó con reducirla nuevamente a una imagen.
No sería la última vez que intentaría cambiar el lugar desde el que se miraba a las mujeres.

Cuando lo privado comenzó a convertirse en público
En 1968 Steinem participó en la fundación de New York Magazine, donde trabajó como editora y escribió sobre política, campañas electorales y movimientos sociales.
Un año después acudió como periodista a un encuentro en Nueva York en el que varias mujeres relataban públicamente sus experiencias con el aborto.
Steinem había tenido uno ilegal en Londres cuando tenía 22 años.
Escuchar aquellas historias transformó su relación con el movimiento feminista y posteriormente describiría ese momento como el comienzo de su etapa como activista.
Pero había otra revolución pendiente.
La de los medios.

Una revista que dijo: esto también importa
A principios de los años setenta buena parte de las revistas dirigidas a mujeres giraba alrededor del matrimonio, la crianza, la cocina, la belleza y el hogar.
No significa que esos temas carecieran de valor.
El problema era todo lo que quedaba fuera.
En diciembre de 1971 apareció como suplemento de New York Magazine una publicación experimental llamada Ms.
La respuesta fue suficiente para convertirla posteriormente en una revista independiente.
Steinem fue una de sus fundadoras.
Ms. comenzó a publicar sobre aborto, igualdad salarial, violencia doméstica, discriminación, lenguaje, política, sexualidad y derechos civiles en un momento en el que muchos de esos asuntos apenas encontraban espacio en los grandes medios dirigidos a mujeres.
Ahí ocurrió algo fundamental.
La revista no solamente hablaba a las mujeres.
Hablaba de sus vidas como parte de la realidad política, económica y social.
La casa también podía ser un lugar donde se ejercía poder.
El salario también hablaba de igualdad.
Quién cuidaba a los hijos tenía consecuencias económicas.
La posibilidad de decidir sobre un embarazo estaba relacionada con educación, trabajo y autonomía.
La violencia detrás de una puerta cerrada no era simplemente “un problema de pareja”.
Era noticia.

Ninguna mujer hizo sola aquella revolución
La historia del feminismo estadounidense no puede explicarse alrededor de una sola figura.
Steinem trabajó junto a mujeres como Dorothy Pitman Hughes, Shirley Chisholm, Bella Abzug y Betty Friedan, entre muchas otras, en un movimiento mucho más amplio y diverso que cualquier celebridad individual.
En 1971 participó en la creación del National Women's Political Caucus junto con Abzug, Chisholm y Friedan. A lo largo de las décadas colaboró además en organizaciones dedicadas a la representación de las mujeres en la política y los medios.
Ella misma insistió posteriormente en reconocer cuánto había aprendido de las mujeres negras y de otras mujeres que habían vivido distintas formas de discriminación.
Su influencia, sin embargo, resultaba difícil de separar de su enorme visibilidad mediática.
Cabello largo con mechones claros, lentes de aviador y una extraordinaria habilidad para comunicar hicieron que durante décadas fuera una de las figuras más reconocibles del feminismo estadounidense.
Pero detrás de aquella imagen continuaba existiendo la reportera.

Escuchar como una forma de periodismo
Steinem escribió libros, recorrió universidades, participó en movimientos políticos y siguió trabajando por los derechos de las mujeres durante décadas.
En 2013 recibió de Barack Obama la Medalla Presidencial de la Libertad.
En 2021 España le concedió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. El jurado destacó entonces seis décadas de trabajo y su voluntad de incorporar diferentes voces a la defensa de la igualdad.
Pero quizá una de las frases que mejor explica su legado profesional apareció cuando habló sobre su manera de aproximarse a las mujeres cuyas historias encontraba.
Quería escucharlas.

Porque para ella contar historias significaba también conectar experiencias que parecían individuales y descubrir que, muchas veces, eran compartidas por millones.
Esa idea modificó el periodismo dirigido a mujeres.
No porque después de Gloria Steinem desaparecieran la moda, la belleza, las relaciones o la vida doméstica de las revistas.
Sino porque quedó mucho más claro que una publicación para mujeres podía hablar de todo.
De política y maternidad.
De dinero y belleza.
De discriminación y cultura.
De sexualidad y trabajo.
De aquello que ocurre afuera y de aquello que sucede dentro de una casa.
Gloria Steinem murió a los 92 años.
Las preguntas que ayudó a introducir en las redacciones permanecen.
Quién cuenta una historia. A quién escuchamos. Qué experiencias consideramos importantes. Y por qué durante tanto tiempo hubo vidas enteras que ocurrieron frente a nosotros sin que nadie pensara que también eran noticia.
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