
Quién cuida a quien cuida: el trabajo invisible que sigue pesando más en las mujeres
La Calle Rosa
Hay trabajos que sólo se notan cuando alguien deja de hacerlos. La comida no aparece, la medicina no se compra, la cita médica se olvida, nadie acompaña a la persona mayor, la ropa no está limpia y esa interminable lista de pendientes que parecía resolverse sola deja de resolverse.
Detrás de buena parte de esa organización suele haber una mujer. No necesariamente porque se haya sentado a elegir ese papel, sino porque durante generaciones el cuidado se distribuyó dentro de las familias como si determinadas tareas vinieran incluidas con ser hija, madre, esposa, hermana o nuera.
El trabajo que sí tiene valor, aunque no tenga sueldo
En México, las cifras permiten dimensionarlo. INEGI estimó que durante 2024 el valor económico del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado alcanzó 8 billones de pesos, equivalente al 23.9% del PIB nacional. Del valor total generado, las mujeres aportaron 72.6% y los hombres 27.4%.


La diferencia es suficientemente grande para desmontar una idea todavía muy arraigada: cuidar no es simplemente “ayudar en la casa”. Si todas esas actividades tuvieran que adquirirse en el mercado —limpieza, alimentación, acompañamiento, transporte, supervisión, atención cotidiana— tendrían un costo considerable.
INEGI calculó además que el trabajo no remunerado realizado por las mujeres generó 2.7 veces más valor económico que el de los hombres y estimó una aportación promedio equivalente a 82,339 pesos anuales por mujer. La medición de 2024 incorporó por primera vez información específica sobre horas destinadas a cuidados emocionales.

Cuidar también es recordar
La parte menos visible quizá ni siquiera ocurre con las manos. Alguien tiene que saber cuándo toca llevar a mamá al especialista, qué medicamento se está terminando, cuándo es la junta escolar, quién comprará el regalo, qué necesita el perro, qué familiar está pasando un mal momento y qué queda en el refrigerador.
Esa administración cotidiana tiene un costo de tiempo y atención, aunque resulte mucho más difícil de fotografiar que una persona cocinando. Y explica por qué la conversación sobre cuidados no puede limitarse a repartir algunas tareas domésticas de vez en cuando.
CEPAL, ONU Mujeres y la OIT han advertido que América Latina y el Caribe atraviesan una creciente demanda de cuidados, impulsada entre otros factores por el envejecimiento de la población y por una infraestructura de servicios todavía insuficiente. Esa presión afecta de manera desproporcionada a las mujeres.
Entonces, ¿quién cuida a quien cuida?
La respuesta no puede quedar reducida a recomendarle que “se dé un tiempo para ella”. El descanso individual importa, pero no resuelve una distribución desigual. Una cuidadora necesita tiempo propio porque alguien más asumió una parte real del trabajo, no porque aprendió a hacer más eficiente una agenda ya saturada.
La corresponsabilidad puede empezar dentro de una familia, pero no termina ahí. Guarderías, atención a la dependencia, licencias laborales, servicios comunitarios, políticas públicas y empleos compatibles con responsabilidades de cuidado forman parte de una discusión mucho mayor. En mayo de 2026, CEPAL y OIT volvieron a analizar la necesidad de ampliar tiempos, servicios y prestaciones de cuidado en la región.
También significa dejar de tratar como excepcional que un hombre cuide a sus hijos, acompañe a sus padres o se responsabilice de una casa. El cuidado compartido no consiste en que una persona siga siendo directora de operaciones de la familia y los demás “ayuden” cuando reciben instrucciones.
Reconocer el trabajo invisible es apenas el primer paso. El siguiente es distribuirlo. Porque cuando el bienestar de una familia depende del agotamiento silencioso de una sola persona, el problema no es que esa persona deba aprender a cuidarse mejor: es que el cuidado nunca estuvo realmente repartido.
Sigue nuestro canal de WhatsApp y encuentra nuestras noticias, historias, tendencias y recomendaciones directamente en tu pestaña de Novedades.




Marquesitas: la historia del postre callejero que nació en Yucatán

Belleza de otoño: cinco cambios que sí sirven y cinco que son marketing

Marquesitas: la historia del postre callejero que nació en Yucatán

El Huay Chivo: la leyenda de Yucatán que se escucha después de medianoche

Día de Muertos 2026: experiencias que necesitan reserva anticipada


Mercados de Mérida: qué distingue a Lucas de Gálvez, Santiago y Santa Ana

Sepang vuelve a la Fórmula 1: lo que cambia este fin de semana

La Mulata de Córdoba: la mujer que escapó en un barco dibujado

Restaurant Week Mérida: cómo aprovechar los últimos cuatro días sin elegir solo por precio

Día de Muertos 2026: experiencias que necesitan reserva anticipada

El Huay Chivo: la leyenda de Yucatán que se escucha después de medianoche



