
Vaquita marina: la especie mexicana que estamos dejando desaparecer
La Calle Rosa
Hay especies que desaparecen sin que gran parte del mundo llegue siquiera a conocerlas. La vaquita marina podría convertirse en una de ellas. Es pequeña, difícil de observar y vive exclusivamente en una región del mar mexicano. Durante décadas, su población ha disminuido hasta colocarla al borde de la extinción.
Su situación resulta especialmente preocupante porque la vaquita marina no existe en ningún otro lugar del planeta. Si desaparece de las aguas del Alto Golfo de California, México perderá una especie única y el mundo no tendrá otra población de la cual recuperarla.
Las investigaciones científicas más recientes han identificado apenas entre siete y diez individuos diferentes durante los trabajos de observación de 2025. Sin embargo, los especialistas advierten que esa cifra corresponde a los animales detectados en el área estudiada y no necesariamente representa el número total de ejemplares que permanecen vivos.


A pesar de la gravedad de estas cifras, la historia todavía no tiene un desenlace definitivo. Se han observado crías, los animales supervivientes continúan reproduciéndose y diversos estudios sostienen que la recuperación biológica de la vaquita sigue siendo posible.
Una pequeña marsopa que solamente vive en México
La vaquita marina, cuyo nombre científico es Phocoena sinus, pertenece a la familia de las marsopas, mamíferos marinos emparentados con los delfines y las ballenas. Fue descrita científicamente en 1958 y es considerada la marsopa más pequeña del mundo.
Un ejemplar adulto mide aproximadamente metro y medio. Su cuerpo es compacto, tiene una aleta dorsal triangular y presenta manchas oscuras alrededor de los ojos y la boca, características que le dan una apariencia inconfundible.
A diferencia de otros cetáceos que recorren grandes distancias oceánicas, la vaquita tiene una distribución geográfica extraordinariamente limitada. Su hogar se encuentra en las aguas poco profundas y productivas del Alto Golfo de California, especialmente cerca de las costas de Baja California y Sonora.
Se alimenta principalmente de peces pequeños, calamares y crustáceos. Utiliza sonidos de alta frecuencia para orientarse y localizar alimento, una capacidad conocida como ecolocalización.
Su comportamiento discreto dificulta considerablemente la observación. Las vaquitas suelen permanecer poco tiempo en la superficie y no realizan los saltos espectaculares que comúnmente asociamos con los delfines.
Esa discreción, sumada al reducido número de individuos, convierte cada encuentro con una vaquita en información valiosa para los investigadores.
¿Cómo pasó de cientos de ejemplares a estar en peligro crítico?
A finales del siglo XX, las investigaciones ya advertían que la población estaba disminuyendo. En 1997, un estudio científico estimó aproximadamente 567 vaquitas en su área de distribución.
Para 2008, la estimación se había reducido a 245 individuos. En 2015, los trabajos científicos calculaban que quedaban alrededor de 59.
La disminución fue particularmente acelerada durante la década siguiente, hasta convertir a la especie en uno de los casos más graves de pérdida de biodiversidad marina.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza clasifica a la vaquita como una especie en peligro crítico de extinción, la categoría que precede a la desaparición en estado silvestre.
El panorama actual debe interpretarse con especial cuidado. Los monitoreos recientes utilizan observaciones visuales y registros acústicos, pero no equivalen necesariamente a un censo completo de toda la población.
Durante los trabajos realizados en 2025, los científicos identificaron entre siete y diez vaquitas diferentes, incluida al menos una cría. La cifra demuestra que la especie persiste, aunque no permite establecer cuántos individuos quedan exactamente en todo el Alto Golfo.
La relación entre la totoaba y la desaparición de la vaquita
Una de las particularidades de esta crisis es que las vaquitas no suelen ser capturadas intencionalmente. Su principal amenaza es quedar atrapadas accidentalmente en redes utilizadas para pescar otras especies.
Entre ellas se encuentra la totoaba, un pez de gran tamaño que también es endémico del Golfo de California.
La totoaba posee una vejiga natatoria, conocida comúnmente como buche, que ha adquirido un elevado valor económico en mercados clandestinos internacionales, particularmente en Asia.
Esta demanda ha impulsado su captura ilegal mediante redes de enmalle que representan un peligro mortal para las vaquitas.
Las redes funcionan como grandes paredes de malla colocadas bajo el agua. Cuando un animal intenta atravesarlas, puede quedar atrapado.
La vaquita necesita subir a la superficie para respirar. Si queda enredada y no consigue liberarse, muere por ahogamiento.
La amenaza resulta especialmente grave porque una red capaz de capturar totoabas también puede atrapar vaquitas debido a las dimensiones de ambos animales.
Aunque la especie enfrenta otros riesgos asociados con su reducido número de individuos, la evidencia científica identifica la mortalidad accidental en redes de enmalle como la principal causa de su disminución.

¿Por qué es tan difícil estudiar a las últimas vaquitas?
Observar una vaquita marina en libertad nunca ha sido sencillo. Su tamaño, su comportamiento reservado y las condiciones del Alto Golfo hacen que localizarla requiera equipos especializados y numerosas horas de trabajo.
Los investigadores combinan dos métodos principales: observación directa desde embarcaciones y monitoreo acústico mediante dispositivos capaces de registrar los sonidos que producen estos animales.
La ecolocalización de la vaquita genera señales características que permiten detectar su presencia incluso cuando no llega a ser vista.
Estos registros ayudan a identificar las áreas donde permanece activa y a estudiar sus movimientos. Sin embargo, escuchar una señal acústica no equivale automáticamente a identificar un ejemplar diferente.
Por esa razón, los especialistas deben analizar cuidadosamente la información antes de elaborar estimaciones.
El número de vaquitas observadas no siempre es igual al número de vaquitas existentes. La precisión es fundamental para evitar interpretaciones equivocadas sobre su situación.
La señal que todavía ofrece esperanza: siguen naciendo crías
Cuando una población alcanza números tan pequeños, su capacidad reproductiva se convierte en uno de los factores más importantes para determinar si puede recuperarse.
En el caso de la vaquita marina, los monitoreos recientes han registrado la presencia de crías y hembras adultas.
Durante 2025, los equipos científicos identificaron al menos una cría y consideraron posible la presencia de una segunda. También observaron animales que aparentaban encontrarse en buenas condiciones físicas.
Estos hallazgos son relevantes porque muestran que la especie continúa reproduciéndose de manera natural, incluso después de décadas de disminución.
No significa que haya comenzado una recuperación sostenida. Para demostrarlo sería necesario disponer de observaciones continuas y datos suficientes durante varios años.
Pero sí indica que todavía existen individuos capaces de reproducirse y que la población no ha perdido completamente esa posibilidad.
La genética de la vaquita sorprendió a los científicos
Una población tan pequeña podría enfrentar graves problemas de diversidad genética. Cuando quedan pocos individuos, aumenta la posibilidad de reproducción entre animales emparentados y de que determinadas alteraciones hereditarias afecten la supervivencia.
Durante años, este escenario generó dudas sobre las posibilidades reales de recuperación de la vaquita.
Sin embargo, un estudio publicado en la revista científica Science en 2022 encontró resultados alentadores.
Los investigadores analizaron información genética de 20 ejemplares y concluyeron que la especie había mantenido poblaciones relativamente pequeñas durante gran parte de su historia evolutiva.
Esa característica pudo favorecer la eliminación gradual de algunas variantes genéticas altamente perjudiciales.
Las simulaciones científicas indicaron que la vaquita podría recuperarse si desaparece la mortalidad adicional provocada por las redes de pesca.
Esto no significa que la escasa diversidad genética carezca de riesgos. Significa que, según los modelos analizados, la genética por sí sola no condena necesariamente a la especie a desaparecer.
El obstáculo inmediato continúa siendo la supervivencia de los ejemplares existentes.
¿Sería posible reproducir vaquitas en cautiverio?
Una posibilidad que podría parecer evidente sería trasladar a las últimas vaquitas a instalaciones especializadas para reproducirlas lejos de los peligros del mar.
Sin embargo, la experiencia ha demostrado que resulta extraordinariamente difícil.
En 2017 se desarrolló VaquitaCPR, un proyecto internacional que buscaba capturar temporalmente algunos ejemplares y trasladarlos a un ambiente protegido.
Los resultados fueron desafortunados. Uno de los animales capturados mostró signos importantes de estrés y tuvo que ser liberado. Otro murió después de ser capturado.
El proyecto se suspendió.
La experiencia confirmó que las vaquitas son particularmente sensibles a la captura y al manejo humano, por lo que trasladarlas a cautiverio implica riesgos considerables.
Actualmente, la alternativa científicamente más respaldada consiste en permitir que las vaquitas supervivientes continúen viviendo y reproduciéndose en su hábitat natural, reduciendo los peligros que amenazan su existencia.
¿Qué tendría que ocurrir para que la especie se recupere?
La recuperación de una población tan reducida no sería inmediata.
Las vaquitas tienen una reproducción relativamente lenta. Generalmente, las hembras tienen una sola cría por parto y los intervalos reproductivos limitan la velocidad con la que puede aumentar la población.
Por eso, aun si las condiciones mejoraran considerablemente, recuperar una población numerosa podría tomar décadas.
Los estudios científicos coinciden en que el elemento más importante es evitar que los ejemplares supervivientes mueran atrapados en redes.
También resulta fundamental conservar las condiciones naturales de su hábitat y continuar las investigaciones acústicas, genéticas y visuales que permiten conocer su estado.
Existen alternativas de pesca diseñadas para disminuir las capturas accidentales de especies marinas vulnerables. Su desarrollo y utilización forman parte de las posibilidades para reducir el riesgo de nuevos enmallamientos.
Cada año de supervivencia adicional y cada nueva cría representan una oportunidad, aunque por sí solos no permiten afirmar que la especie esté fuera de peligro.
¿Qué perderíamos si desapareciera la vaquita marina?
La extinción de la vaquita significaría la desaparición definitiva de una especie que ha evolucionado de manera única en el Golfo de California.
Su presencia forma parte de la biodiversidad de una región reconocida internacionalmente por su extraordinaria riqueza marina.
También constituye un testimonio de la historia natural de México. Las especies endémicas representan procesos evolutivos que ocurrieron en territorios específicos durante miles de generaciones.
Cuando una desaparece, no puede ser reemplazada simplemente introduciendo un animal parecido.
En el caso de la vaquita, tampoco sería posible recuperarla a partir de poblaciones existentes en otras partes del mundo, porque nunca las ha habido.
El conocimiento científico adquirido durante décadas de estudio permanecería, pero el animal dejaría de formar parte del ecosistema que lo vio evolucionar.
Por ahora, esa pérdida sigue siendo evitable.
Los últimos monitoreos muestran que hay vaquitas vivas, que todavía nacen crías y que los estudios genéticos reconocen posibilidades reales de recuperación si se elimina su principal amenaza.
La vaquita marina todavía tiene una oportunidad de sobrevivir. Es pequeña, extremadamente frágil y depende de que los animales que quedan puedan continuar reproduciéndose sin quedar atrapados en las redes.
Su historia aún no termina. Y conservar a esta especie significa preservar una parte irrepetible de la riqueza natural de México.
Fuentes principales de investigación: NOAA Fisheries, Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, revista Science (2022) y Marine Mammal Science (2026).
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