
Guillermo del Toro vs la inteligencia artificial: “Una app no puede contar tu historia”

Guillermo del Toro no necesita muchos rodeos para decir lo que piensa. Lo suyo es el corazón, la pasión, la verdad sin filtro. En un mundo donde cada vez más se juega a que “una app te puede hacer un guion, un dibujo o hasta una película”, él lanza un grito contundente: eso no es arte.
En su participación en la reciente Comic-Con, el cineasta mexicano habló fuerte y claro:
“Estoy muy en contra cuando alguien dice: ‘puedes hacer arte con una app’. No puedes apretar un botón y que aparezca arte porque entonces no sabrás el inicio y final de la idea que estabas gestando”.
Y ahí es donde se le notó, como siempre, el alma. Porque Guillermo no habla desde la técnica, sino desde la entraña. El arte, para él, tiene que ver con lo que te atraviesa, con lo que duele, lo que se sueña, lo que uno arrastra desde la infancia o desde alguna herida que todavía no cierra.
“El arte tiene personalidad, conocimiento y emoción. Eso no lo puede crear una chingada app”.
Así, sin pelos en la lengua. Porque del Toro no solo crea criaturas fantásticas en pantalla: crea conexiones. Las suyas son historias de monstruos que sienten más que muchos humanos, de niñas que enfrentan dictaduras con imaginación, de seres que no encajan… y aun así aman.


Del niño de Guadalajara al cineasta del mundo
Para quien no lo sepa, Guillermo del Toro es uno de los grandes contadores de historias de nuestra era. Nacido en Guadalajara, creció entre libros, películas de terror y marionetas. Su amor por los monstruos lo llevó a imaginar mundos que combinan belleza y oscuridad, fantasía y realidad, como en El laberinto del fauno, La forma del agua o Pinocho. Ha ganado varios premios Oscar, pero lo más valioso es lo que ha dicho siempre entre líneas: que el arte no tiene que ser perfecto, pero sí honesto.
Y por eso duele escucharlo tan frustrado con lo que pasa hoy: arte creado por botones, dibujos que imitan estilos, textos que repiten fórmulas. Todo tan bien hecho, pero tan vacío. Porque el alma no se programa.
Lo que está en juego no es la tecnología… es el sentido
Del Toro no está peleado con la tecnología. La ha usado en sus películas. Lo que defiende es el proceso. La experiencia de imaginar, dudar, borrar, empezar de nuevo. Ese viaje que vive un artista cuando crea algo que realmente le importa. Porque no es lo mismo tener una imagen bonita, que contar una historia que mueva fibras.
Y no se trata de nostalgia. Se trata de profundidad. De no perder el valor de lo hecho con intención, con errores, con emoción. En palabras de del Toro:
“Prefiero la estupidez humana que la inteligencia artificial”.
Porque al menos, la estupidez humana viene de un lugar real. Imperfecto, sí, pero honesto.
¿Puede una app saber lo que sentías cuando dibujaste?
¿Puede un algoritmo entender lo que significa perder a alguien y plasmarlo en un guion? ¿Puede una IA saber por qué usaste justo ese color, ese encuadre, esa pausa?
Del Toro dice no. Y muchos lo sentimos igual. Porque el arte, el verdadero, tiene cicatrices. Tiene memoria. Tiene alma.
Y si algo necesitamos en estos tiempos tan acelerados, es justo eso: recordar que no todo lo que brilla en pantalla es oro… y no todo lo que parece arte, lo es.



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