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Conoce que tan saludable puede ser una siesta, qué beneficios puede tener y en qué edades la recomiendan los expertos.
Vida y Estilo05 de agosto de 2025 Maggie Abraham
Dormir la siesta ¿descanso reparador o hábito innecesario? En medio del ritmo frenético de la vida moderna, la idea de dormir una siesta en pleno día puede parecer un lujo, una pérdida de tiempo o, para muchos, una necesidad impostergable. Pero, ¿qué tan saludable es realmente dormir la siesta? ¿Hay una duración ideal? ¿Es buena para todos o solo para algunos grupos de edad? La respuesta está lejos de ser simple. La ciencia ha investigado a fondo este hábito ancestral y ha encontrado luces y sombras que vale la pena conocer, sobre todo en regiones como México y Latinoamérica, donde el calor y las largas jornadas laborales siguen haciendo de la siesta una práctica común en muchas comunidades.


Dormir la siesta no significa simplemente acostarse a dormir sin reglas. De acuerdo con la National Sleep Foundation y diversos estudios de cronobiología, una siesta saludable tiene ciertas características:
Duración ideal: entre 10 y 30 minutos, dependiendo del objetivo. Si es para mejorar el rendimiento cognitivo, una “power nap” de 20 minutos puede ser suficiente. Si se busca una recuperación más profunda (especialmente en adultos mayores o personas privadas de sueño), puede extenderse hasta 60 minutos, aunque eso aumenta el riesgo de inercia del sueño, es decir, despertarse aturdido o más cansado.
Hora recomendada: entre la 1:00 p. m. y las 3:00 p. m., cuando naturalmente disminuyen los niveles de alerta, especialmente si se ha madrugado o se ha tenido una comida copiosa.
Ambiente adecuado: silencioso, sin interrupciones, con temperatura agradable y, de ser posible, sin distracciones tecnológicas.

La necesidad y el beneficio de la siesta varía según la edad, el estilo de vida y la salud de cada persona.
La siesta es vital durante los primeros años de vida. Según la Academia Americana de Pediatría, los niños de 1 a 3 años deben dormir entre una y dos siestas al día. Incluso en la etapa preescolar (hasta los 5 años), una siesta corta sigue favoreciendo el desarrollo cerebral.
En adolescentes, aunque suele verse como flojera, dormir después de clases puede ayudar a compensar la privación de sueño común en este grupo por sus horarios escolares.
Para quienes trabajan en turnos extendidos o atraviesan jornadas demandantes, una siesta breve puede mejorar el estado de ánimo, reducir el estrés y aumentar la productividad. En este grupo, la siesta es una estrategia de bienestar cada vez más valorada, incluso en oficinas que promueven el “wellness corporativo”.
Después de los 60 años, los patrones de sueño cambian. Las siestas breves pueden ayudar a compensar interrupciones nocturnas o insomnio leve, siempre y cuando no afecten el descanso nocturno. Dormir más de una hora en el día, sin embargo, podría estar asociado con ciertos riesgos en esta etapa, como mayor somnolencia diurna y confusión.

Distintos estudios señalan los impactos positivos de una siesta corta bien tomada:
Mejora de la memoria y la consolidación del aprendizaje (Harvard Medical School, 2022)
Reducción del estrés y mejora del estado de ánimo (Mayo Clinic)
Incremento en la atención y en el rendimiento cognitivo
Beneficios cardiovasculares: según una investigación suiza publicada en Heart, las siestas ocasionales (una o dos veces por semana) pueden reducir el riesgo de eventos cardiovasculares hasta en un 48%
Aunque la imagen tradicional de la siesta ha estado muy ligada a culturas mediterráneas, en América Latina la práctica tiene raíces profundas, especialmente en zonas rurales o de climas cálidos. Pero, ¿cómo es la realidad actual?
Según un estudio de Statista 2024, solo el 13% de los adultos en México duerme siesta con regularidad. Sin embargo, el 41% reconoce sentirse cansado durante el día.
En países como Colombia y Perú, más del 35% de los adultos jóvenes han dormido siestas al menos tres veces por semana durante los últimos seis meses, principalmente por agotamiento laboral.
En Estados Unidos, donde la siesta no forma parte de la cultura tradicional, se ha visto un incremento en su valoración en ambientes laborales. Grandes empresas como Google y Zappos han incorporado “nap pods” para empleados. Un estudio de la CDC en 2023 reveló que el 28% de los adultos estadounidenses duerme siestas regularmente, siendo más comunes en personas menores de 40 años.

Dormir durante el día no siempre es señal de descanso saludable. Si una persona siente necesidad constante de siestas largas o no puede mantenerse despierta durante el día pese a dormir bien por la noche, podría ser un síntoma de:
En estos casos, se recomienda acudir con un especialista en medicina del sueño.
La siesta no es ni un enemigo de la productividad ni una receta mágica de bienestar. Es una herramienta que, bien utilizada, puede marcar la diferencia entre una jornada con claridad mental o una jornada arrastrada. Dormir brevemente, cuando el cuerpo lo pide y con conciencia de su impacto, puede ser más saludable de lo que muchos imaginan… pero como todo en la vida, requiere medida, intención y equilibrio.

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