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El INSOMNIO en la premenopausia afecta a millones de mujeres. Conoce las causas hormonales del cortisol y estrógenos, y las soluciones efectivas.
Vida y Estilo15 de julio de 2025 Maggie Abraham
Son las 3:47 AM y María, de 45 años, vuelve a mirar el reloj. Por quinta noche consecutiva, su cuerpo la traiciona manteniéndola despierta cuando más necesita descansar. Lo que antes era un sueño reparador ahora se ha convertido en una montaña rusa de noches interminables y días agotadores.


María no está sola. Según la Fundación Nacional del Sueño, hasta el 61% de las mujeres en premenopausia experimentan insomnio de forma regular. Esta cifra alarmante revela una realidad que muchas mujeres enfrentan en silencio: la llegada de la mediana edad trae consigo una serie de cambios hormonales que alteran profundamente nuestros patrones de sueño.
La premenopausia, ese período de transición que puede durar entre 2 y 10 años antes de la menopausia, desencadena una verdadera tormenta hormonal en el cuerpo femenino. Los estrógenos y la progesterona, esas hormonas que durante décadas han regulado nuestro ciclo menstrual, comienzan a fluctuar de manera impredecible.
La doctora Sarah Johnson, endocrinóloga del Hospital Johns Hopkins, explica: "Los estrógenos no solo afectan el sistema reproductivo, sino que también influyen en la regulación del sueño. Cuando estos niveles comienzan a declinar, el cuerpo pierde uno de sus principales reguladores del ciclo sueño-vigilia".
La progesterona, conocida como la "hormona relajante", también juega un papel crucial. Esta hormona tiene propiedades sedantes naturales que ayudan a inducir el sueño profundo. Su disminución gradual durante la premenopausia explica por qué muchas mujeres experimentan dificultades para conciliar el sueño o mantenerse dormidas durante toda la noche.

Pero la historia no termina con los estrógenos y la progesterona. El cortisol, conocido como la "hormona del estrés", se convierte en un actor principal en este drama nocturno. Durante la premenopausia, los niveles de cortisol tienden a elevarse, especialmente durante las horas nocturnas cuando deberían estar disminuyendo.
Un estudio publicado en la revista Sleep Medicine Reviews reveló que las mujeres en premenopausia presentan niveles de cortisol hasta 23% más altos durante la noche comparadas con mujeres más jóvenes. Este cortisol elevado actúa como un estimulante natural, manteniendo la mente alerta cuando el cuerpo necesita descansar.
El doctor Michael Chen, especialista en medicina del sueño, señala: "El cortisol elevado no solo impide conciliar el sueño, sino que también fragmenta los ciclos de sueño profundo, dejando a las mujeres con una sensación de cansancio constante a pesar de haber dormido".

El insomnio en la premenopausia no se presenta de manera aislada. Viene acompañado de una constelación de síntomas que afectan la calidad de vida de manera integral:
Sofocos nocturnos: Esas oleadas de calor que despiertan bruscamente, empapando las sábanas de sudor y alterando la temperatura corporal necesaria para mantener el sueño.
Sudores nocturnos: Más intensos que los sofocos, pueden requerir cambios completos de ropa de cama durante la noche.
Ansiedad nocturna: La mente se acelera con pensamientos y preocupaciones que durante el día parecían manejables.
Despertares frecuentes: Interrupciones constantes del sueño que impiden alcanzar las fases más reparadoras del descanso.
Despertar temprano: Imposibilidad de volver a dormirse después de las 4 o 5 AM, sin importar cuán cansada se sienta.

La terapia de reemplazo hormonal (TRH) ha demostrado ser una herramienta efectiva para muchas mujeres. Los estrógenos bioidénticos, administrados bajo supervisión médica, pueden restaurar parcialmente los niveles hormonales y mejorar significativamente la calidad del sueño.
La doctora Elena Martínez, ginecóloga especializada en medicina reproductiva, comenta: "La TRH no es para todas las mujeres, pero para aquellas que son candidatas adecuadas, puede ser transformadora. Hemos visto mejoras del 70% en la calidad del sueño en pacientes que reciben tratamiento hormonal".
Los suplementos de progesterona natural también han mostrado resultados prometedores. Administrados 2-3 horas antes de dormir, pueden ayudar a restablecer los patrones naturales de sueño aprovechando las propiedades sedantes de esta hormona.

El manejo del cortisol elevado requiere un enfoque multidisciplinario que combine técnicas de reducción de estrés con cambios en el estilo de vida:
Meditación y mindfulness: Practicar técnicas de respiración profunda y meditación durante 10-15 minutos antes de dormir puede reducir significativamente los niveles de cortisol nocturno.
Ejercicio regular: La actividad física moderada, especialmente el yoga o tai chi, ayuda a regular los ritmos circadianos y reduce los niveles de cortisol crónico.
Suplementos naturales: La ashwagandha, el magnesio y la melatonina han demostrado efectividad en la reducción del cortisol y la mejora del sueño en mujeres premenopáusicas.
Cronoterapia: Establecer rutinas estrictas de sueño y vigilia ayuda a "entrenar" al cuerpo para producir cortisol en los momentos adecuados.

La alimentación juega un papel crucial en la regulación hormonal. Reducir el consumo de cafeína después de las 2 PM, evitar el alcohol antes de dormir y mantener cenas ligeras puede marcar una diferencia significativa.
La temperatura del dormitorio también es fundamental. Mantener la habitación entre 18-20°C y usar ropa de cama transpirable puede ayudar a manejar los sofocos nocturnos.
La exposición a luz brillante durante la mañana y la reducción de dispositivos electrónicos 2 horas antes de dormir ayuda a regular la producción natural de melatonina.
La acupuntura ha mostrado resultados prometedores en estudios clínicos. Un ensayo controlado publicado en Menopause journal encontró que las mujeres que recibieron acupuntura experimentaron una reducción del 50% en los despertares nocturnos.
La terapia cognitivo-conductual específica para el insomnio (TCC-I) ha demostrado ser tan efectiva como los medicamentos para el sueño, pero con beneficios a largo plazo y sin efectos secundarios.
Los aceites esenciales como la lavanda y la manzanilla, utilizados en aromaterapia o aplicados tópicamente, pueden activar el sistema nervioso parasimpático y promover la relajación.

El insomnio ocasional es normal, pero cuando se vuelve crónico y afecta el funcionamiento diario, es momento de buscar ayuda especializada. Los signos de alerta incluyen:
Un especialista en medicina del sueño puede realizar estudios específicos y diseñar un plan de tratamiento personalizado que aborde tanto los aspectos hormonales como los conductuales del insomnio.
La investigación continúa revelando nuevas conexiones entre las hormonas y el sueño. Los estudios actuales exploran terapias innovadoras como la cronobioterapia y el uso de cannabinoides para el tratamiento del insomnio hormonal.
La medicina personalizada promete tratamientos más precisos basados en el perfil hormonal individual de cada mujer, ofreciendo esperanza para soluciones más efectivas y menos invasivas.

María ahora duerme mejor. Después de consultar con su médico, implementó cambios graduales en su rutina nocturna, comenzó terapia hormonal y aprendió técnicas de manejo del estrés. Su historia nos recuerda que el insomnio en la premenopausia no es una sentencia de por vida, sino un desafío que se puede superar con conocimiento, paciencia y el apoyo adecuado.
Cada noche de insomnio es una oportunidad para entender mejor nuestro cuerpo y tomar decisiones informadas sobre nuestra salud. No tienes que enfrentar esta batalla sola. El sueño reparador no es un lujo, es una necesidad básica que todas las mujeres merecemos, sin importar la etapa de la vida en la que nos encontremos.

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