
El Niño podría alcanzar una intensidad histórica: qué significa para México

El Niño ya llegó. La pregunta dejó de ser si aparecería este año y pasó a ser bastante más extraordinaria: ¿hasta dónde puede crecer?
Los datos disponibles al 4 de septiembre de 2026 muestran un fenómeno claramente establecido y en rápido fortalecimiento. NOAA mantiene activa una El Niño Advisory y calcula una probabilidad superior al 90% de que alcance la categoría de muy fuerte durante el otoño y el invierno 2026-2027 del hemisferio norte.
Pero hay otro número que merece atención.


Para el trimestre octubre-noviembre-diciembre de 2026, el Climate Prediction Center de NOAA estima 69% de probabilidad de que el índice RONI alcance al menos +2.5 °C, un nivel que, de materializarse, superaría los valores registrados en la serie histórica que NOAA utiliza desde 1950.
No significa que ya haya ocurrido.
Tampoco permite afirmar que estamos frente a “el Niño más fuerte de la historia”.
Significa algo mucho más preciso: uno de los escenarios que hoy contempla NOAA tiene una probabilidad considerable de llevar al fenómeno a un territorio no observado anteriormente en ese indicador y ese registro.
Y para México, la intensidad importa. Pero no basta para saber exactamente dónde lloverá, dónde hará más calor o qué ocurrirá en un estado concreto.
El dato extraordinario de NOAA necesita una explicación
Hasta hace poco era habitual escuchar hablar del ONI, el Oceanic Niño Index. Desde febrero de 2026, NOAA utiliza operacionalmente el Relative Oceanic Niño Index, RONI, para el monitoreo y pronóstico oficial del ENOS.
El RONI parte de las anomalías de temperatura de la superficie del mar en la región Niño 3.4, situada en el Pacífico ecuatorial central-oriental, pero resta el calentamiento medio del océano tropical y posteriormente ajusta la varianza. El objetivo es distinguir mejor la señal propia del ENOS dentro de unos trópicos que también se han calentado.
El umbral de +2.5 °C para el RONI trimestral es precisamente el que NOAA utiliza al hablar del escenario “histórico” para octubre-diciembre.
La diferencia entre ambas afirmaciones es fundamental:
69% de probabilidad de superar un récord del RONI no equivale a decir que el récord ya ocurrió.
Además, la intensidad oceánica de El Niño no determina por sí sola la magnitud de sus efectos en cada país. NOAA advierte expresamente que, aun ante un episodio de esta magnitud, aumenta la posibilidad de observar impactos típicos de El Niño, pero éstos no están garantizados.

El Pacífico ya está mostrando señales muy fuertes
Las observaciones más recientes disponibles refuerzan la señal.
La actualización de NOAA preparada el 31 de agosto situó las anomalías semanales de temperatura superficial del mar en:
- Niño 3.4: +1.8 °C
- Niño 3: +2.6 °C
- Niño 1+2: +3.5 °C
- Niño 4: +0.1 °C.
Es decir, el calentamiento más intenso se encuentra hacia el centro-este y este del Pacífico ecuatorial.
Bajo la superficie también existe una importante reserva de calor. NOAA señala que durante los últimos dos meses las temperaturas subsuperficiales superiores al promedio se han fortalecido en el Pacífico oriental y centro-oriental, mientras el contenido de calor de la capa superior del océano permanece por encima de lo normal.
La cifra de +10 °C de anomalía subsuperficial que aparece en la discusión de NOAA corresponde a observaciones reportadas durante julio y no debe interpretarse como que “el océano está diez grados más caliente” en toda la región. Se trata de anomalías localizadas a profundidad, dentro de la estructura térmica del Pacífico ecuatorial.
El dato trimestral también cuenta una historia distinta al calentamiento semanal: el RONI más reciente disponible para mayo-junio-julio de 2026 era +1.0 °C. El fenómeno, por tanto, todavía está recorriendo la trayectoria hacia el máximo que los modelos proyectan para los próximos meses.

El calentamiento de El Niño se concentra con mayor fuerza en el centro-este y este del Pacífico ecuatorial. Al 31 de agosto de 2026, la región Niño 3.4 registraba una anomalía semanal de +1.8 °C, mientras Niño 3 alcanzaba +2.6 °C y Niño 1+2, +3.5 °C. Fuente: NOAA/CPC.
La OMM acaba de elevar también el nivel de atención
La actualización publicada por la Organización Meteorológica Mundial el 3 de septiembre coincide en lo esencial: El Niño está firmemente establecido y continuará intensificándose.
Sus modelos sitúan en cerca de 100% la probabilidad de que El Niño persista tanto durante septiembre-noviembre de 2026 como entre diciembre de 2026 y febrero de 2027.
La OMM espera que alcance una intensidad muy fuerte y sitúa su apogeo hacia finales de 2026. Su actualización climática global para septiembre-noviembre proyecta incluso una anomalía media de Niño 3.4 cercana a +3.6 °C en su ensamble multimodelo, con intensificación hasta noviembre-diciembre.
Eso aumenta la probabilidad de alteraciones importantes en los patrones mundiales de lluvia y temperatura y eleva el riesgo de fenómenos extremos.
Pero la palabra clave sigue siendo probabilidad.
La propia OMM insiste en que los impactos varían entre regiones y que ningún episodio de El Niño reproduce exactamente a otro.

Entonces, ¿qué significa este El Niño para México?
Aquí es donde una explicación global deja de ser suficiente.
El Servicio Meteorológico Nacional ha actualizado su climatología de los impactos del ENOS utilizando registros de precipitación de Conagua entre 1950 y 2025 y separando los eventos según intensidad. Esa información permite observar qué ha sucedido históricamente durante episodios fuertes y muy fuertes, pero no convertir el pasado en un pronóstico exacto para 2026.
Y aparece una diferencia muy importante entre otoño e invierno.
Durante episodios fuertes o muy fuertes, el SMN encuentra que en otoño —septiembre, octubre y noviembre— predominan históricamente déficits de precipitación en amplias zonas de México, asociados con una mayor probabilidad de sequía en regiones del noreste y centro.
Al mismo tiempo, la señal no es uniforme: el SMN identifica superávit de lluvia hacia el noroeste y algunas zonas del altiplano, posiblemente relacionado, entre otros factores, con mayor actividad ciclónica del Pacífico nororiental y modificaciones del monzón mexicano.
En invierno, el patrón cambia.
Para diciembre-enero-febrero, los compuestos históricos de El Niño fuerte y muy fuerte muestran anomalías positivas de precipitación en gran parte del territorio nacional, con una excepción importante en estados del litoral sur del Golfo de México.
Es una de las razones por las que hablar simplemente de “sequía” o de “más lluvias” para describir a El Niño en México resulta engañoso.
Puede favorecer señales diferentes según el momento del año y la región.

En México, los efectos de El Niño pueden cambiar de una estación a otra. Los registros históricos del SMN muestran que los episodios fuertes y muy fuertes han favorecido déficits de lluvia en amplias zonas durante el otoño, mientras que en invierno la señal suele volverse más húmeda en buena parte del país. Imagen ilustrativa basada en información del SMN-Conagua; no representa un pronóstico exacto para 2026-2027.
El mapa mexicano no es uniforme
La climatología del SMN permite dibujar tendencias, no destinos.
Norte y noreste. Durante el verano y el otoño de eventos fuertes o muy fuertes aparece una señal histórica de déficit de precipitación en diversas zonas, aunque existen excepciones. Para el invierno, en cambio, aumenta la señal húmeda en amplias regiones del país.
Noroeste. Es una de las excepciones importantes del otoño: algunas zonas pueden presentar lluvias superiores a lo habitual. El propio pronóstico mexicano para septiembre de 2026 mantiene señales húmedas en partes del noroeste.
Centro y altiplano. Históricamente pueden aparecer déficits de lluvia durante el avance hacia el máximo de un Niño fuerte, aunque determinadas zonas del altiplano muestran señales positivas. En invierno aumenta la probabilidad histórica de condiciones más húmedas.
Pacífico. La situación requiere especial atención porque El Niño favorece una mayor actividad ciclónica en el Pacífico oriental. Esto puede alterar considerablemente los acumulados regionales de lluvia sin significar que todos esos ciclones vayan a tocar tierra.
Golfo de México y sureste. Aquí tampoco funciona una sola regla. En los compuestos de invierno del SMN, el litoral sur del Golfo constituye una excepción a la señal húmeda generalizada. El aumento histórico de eventos de Norte asociado con El Niño puede contribuir a ese comportamiento.
Península de Yucatán. Conagua señaló en junio que durante los inviernos de El Niño históricamente aumentan las lluvias tanto en regiones del norte y noreste como en la Península. Sin embargo, el comportamiento mensual puede apartarse de esa señal estacional, por lo que debe seguirse el pronóstico actualizado del SMN.
Y ahí está probablemente la advertencia más importante: hoy no es científicamente responsable convertir “El Niño muy fuerte” en un pronóstico meteorológico preciso para Mérida, Monterrey, Guadalajara, Ciudad de México o cualquier otro lugar.
El SMN recuerda que las condiciones medias de un pronóstico climático pueden ser modificadas por fenómenos meteorológicos de corta duración.

Septiembre ya ofrece una primera pista, pero no cuenta todo el otoño
El pronóstico estacional mexicano disponible para septiembre merece verse por separado.
La perspectiva del SMN estimó una precipitación nacional cercana a 126 milímetros, alrededor de 10% por debajo del promedio climatológico 1991-2020 de aproximadamente 140 mm.
Pero ese promedio nacional esconde diferencias.
Los ejercicios presentados en el Foro de Predicción Climática colocaron señales de lluvia por arriba del promedio principalmente en partes del noroeste y la península de Baja California, además de zonas del norte, noreste, Bajío, centro y sur; mientras aparecen déficits en una franja del oriente, sureste y Península de Yucatán, entre otras áreas.
También se proyectaron para septiembre temperaturas máximas superiores al promedio en el norte del país y el Pacífico sur, mientras Golfo de México y Península de Yucatán se mantendrían más cerca de sus valores habituales.
Nada de esto significa que todos los días del mes seguirán ese patrón. El pronóstico climático habla de promedios mensuales, no del tiempo que hará una tarde concreta.
¿El invierno podría ser más lluvioso?
Es una de las señales históricas más consistentes que muestra actualmente el SMN para episodios fuertes y muy fuertes.
Sus nuevos compuestos señalan precipitaciones superiores a lo habitual de forma generalizada durante diciembre-enero-febrero, salvo en partes del litoral sur del Golfo.
El organismo también relaciona los inviernos de El Niño con una mayor frecuencia de frentes fríos en el norte y centro de México y un aumento de eventos de Norte.
Sin embargo, todavía no conviene traducir esa climatología en un número cerrado de frentes fríos para toda la temporada 2026-2027.
El SMN explica que su perspectiva preliminar de sistemas frontales se emite en septiembre, se revisa formalmente en el Foro Climático de Invierno de noviembre y vuelve a actualizarse en enero, precisamente porque depende también de otros patrones atmosféricos y oceánicos.

¿Un El Niño muy fuerte significa más huracanes para México?
No necesariamente.
México está expuesto a dos cuencas que responden de manera diferente al fenómeno.
En el Atlántico, El Niño tiende a aumentar la cizalladura vertical del viento, es decir, el cambio en la velocidad o dirección del viento con la altura. Una cizalladura elevada dificulta que las tormentas mantengan organizada su estructura vertical y, en promedio, reduce las condiciones favorables para formar e intensificar huracanes.
En el Pacífico oriental ocurre frecuentemente lo contrario: El Niño puede reducir la cizalladura y favorecer una temporada ciclónica más activa.
Eso coincide con la perspectiva mexicana para 2026.
Conagua anticipó una actividad ciclónica por arriba del promedio en el Pacífico y cercana o por debajo del promedio en el Atlántico.
Pero incluso una temporada menos activa en el Atlántico no significa menor riesgo para una comunidad concreta. El propio SMN lo ha subrayado: basta un ciclón que toque tierra para producir afectaciones severas.
Por eso tampoco sería correcto afirmar que “El Niño protegerá a México de los huracanes”.

Agua, alimentos y electricidad: donde el clima entra a nuestra vida diaria
Un fenómeno que reorganiza las lluvias termina teniendo consecuencias mucho más cercanas que un mapa del Pacífico.
Si durante varios meses una región recibe menos precipitación de la habitual, puede aumentar la presión sobre presas, acuíferos, agricultura y disponibilidad de agua. Si ocurre lo contrario y las lluvias se concentran o intensifican, crecen otros riesgos, desde inundaciones hasta daños a cultivos e infraestructura.
El SMN advierte que los impactos del ENOS pueden alcanzar sectores hídricos, agropecuarios, de salud y económicos, aunque su magnitud depende de la intensidad, duración, época del año y de la interacción con otros patrones climáticos.
La agricultura es especialmente sensible.
La FAO ya identifica a El Niño como uno de los riesgos meteorológicos que pueden modificar la producción agrícola mundial. Eso no significa que los alimentos vayan a encarecerse automáticamente en México: cosechas, inventarios, importaciones, combustibles, logística y mercados internacionales intervienen también en los precios.
El calor también merece seguimiento. Cambios en temperatura y lluvia pueden modificar la demanda eléctrica —especialmente por refrigeración— y aumentar la presión sobre la salud durante episodios extremos. La OMM incluye precisamente salud, energía y gestión del agua entre los sectores que deben incorporar los pronósticos de El Niño a su planificación.
Para los viajes sucede algo parecido: una señal estacional puede ayudar a anticipar riesgos, pero no sustituye el pronóstico meteorológico cercano a la fecha del viaje, particularmente durante la temporada ciclónica o ante frentes fríos.

El Niño no es cambio climático
Son dos fenómenos diferentes y confundirlos lleva a conclusiones equivocadas.
El Niño es una variación natural del sistema océano-atmósfera del Pacífico tropical que ocurre desde mucho antes del calentamiento global causado por las actividades humanas. NOAA lo describe como variabilidad interna del sistema climático: redistribuye calor entre océano y atmósfera, pero no crea por sí mismo nueva energía en el planeta.
Por tanto, no es correcto decir que “el cambio climático provocó El Niño 2026”.
Pero tampoco vivimos los episodios actuales sobre el mismo planeta de hace medio siglo.
El calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero ha elevado la temperatura de fondo sobre la que actúan estas oscilaciones naturales. NOAA señala que existe alta confianza en que El Niño y La Niña son fenómenos naturales antiguos, aunque el calentamiento global puede modificar sus impactos y los extremos asociados.
El IPCC también advierte que el calentamiento de fondo puede exacerbar determinados extremos incluso durante condiciones normales de El Niño.
La relación, por tanto, no es:
cambio climático → creó El Niño.
Es más compleja:
variabilidad natural de El Niño + un sistema climático global más cálido pueden coincidir e interactuar en los impactos que finalmente experimentamos.

Lo que debemos vigilar ahora
El siguiente momento importante llegará pronto.
NOAA tiene programada su próxima ENSO Diagnostic Discussion para el 10 de septiembre de 2026. Ahí conoceremos si las nuevas observaciones modifican las probabilidades de intensidad que hoy colocan al episodio en territorio excepcional.
También convendrá seguir semanalmente Niño 3.4, Niño 3 y Niño 1+2, la evolución del RONI, el calor almacenado bajo la superficie del Pacífico y, sobre todo para México, las nuevas perspectivas mensuales de precipitación y temperatura del SMN. El propio organismo actualiza su perspectiva de lluvia el primer día de cada mes y la de temperatura durante la primera semana.
Porque saber hasta dónde crecerá El Niño es importante.
Pero para México hay otra pregunta igual de importante: cómo responderá nuestra atmósfera cuando ese enorme calentamiento del Pacífico interactúe con ciclones, frentes fríos, humedad, océanos y demás patrones que determinan nuestro clima.
Eso todavía se está escribiendo.
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