Mérida a pie: cinco zonas donde caminar sí cuenta una historia

La capital yucateca cambia cuando se recorre sin prisa: de la antigua ciudad maya a la traza colonial, de los barrios tradicionales al esplendor henequenero y de los primeros rieles a los nuevos espacios
Mundo07 de octubre de 2026La Calle RosaLa Calle Rosa
Caminar Mérida es recorrer distintas capas de su historia- la ciudad colonial, los barrios tradicionales, el auge henequenero y los nuevos espacios urbanos conviven a pocos kilómetros de distancia.
Caminar Mérida es recorrer distintas capas de su historia- la ciudad colonial, los barrios tradicionales, el auge henequenero y los nuevos espacios urbanos conviven a pocos kilómetros de distancia.

Hay ciudades que se reconocen desde un mirador y otras que necesitan recorrerse a la altura de la calle. Mérida pertenece a las segundas. Desde un automóvil pueden verse las fachadas coloridas, las iglesias y las grandes casonas; caminando empiezan a aparecer otras cosas: la anchura de una puerta, la sombra de una cornisa, un antiguo arco, una placa casi escondida o el momento exacto en que una calle colonial comienza a parecer una avenida europea.

También cambia la manera de entender las distancias. La Plaza Grande, Santiago, Santa Ana, Paseo de Montejo y Mejorada parecen hoy partes naturales de una misma ciudad, pero pertenecen a momentos distintos de su crecimiento. Recorrerlas a pie permite descubrir cómo Mérida fue absorbiendo barrios, ampliando sus límites, cambiando sus símbolos de prosperidad y reutilizando espacios que alguna vez tuvieron funciones completamente diferentes.

No se trata únicamente de una impresión turística. En 1982, Mérida fue declarada Zona de Monumentos Históricos. El INAH registra un área protegida de casi 8.8 kilómetros cuadrados, 659 manzanas y 3,906 edificios con valor histórico construidos entre los siglos XVI y XIX. El propio Ayuntamiento considera su Centro Histórico el segundo más grande de México.

La ciudad española fue fundada en 1542 sobre vestigios del asentamiento maya conocido como Ichcaanzihó, también relacionado históricamente con T'Hó. La cuadrícula colonial partió de la plaza principal, pero el INAH señala que aquel damero tuvo que convivir con trazos prehispánicos ya existentes. Debajo de la Mérida que caminamos existe, literalmente, otra ciudad anterior.

Por eso estas cinco zonas no pretenden resumir Mérida. Funcionan mejor como cinco capítulos: el nacimiento de la ciudad colonial, la vida de barrio, la expansión hacia el norte, la riqueza henequenera y la etapa ferroviaria que hoy se transforma nuevamente.

1. Plaza Grande: donde la ciudad organizó su poder

Una buena caminata puede comenzar en la Plaza Grande porque allí resulta muy evidente cómo se organizó la ciudad colonial. Alrededor del espacio principal quedaron concentrados los edificios religiosos y civiles que definían la autoridad: la Catedral de San Ildefonso, el Palacio de Gobierno, el Palacio Municipal y la Casa de Montejo forman parte de ese primer paisaje urbano que todavía estructura la vida cotidiana del centro.

La Catedral ayuda a dimensionar la antigüedad del lugar. De acuerdo con el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos del INAH, su construcción comenzó en 1562 y quedó prácticamente terminada entre 1597 y 1598. No es un edificio añadido siglos después para embellecer una plaza turística: pertenece a las primeras décadas de la Mérida colonial.

La Plaza Grande todavía permite leer el origen de la ciudad colonial- alrededor de este espacio se concentraron la religión, el gobierno y las residencias vinculadas al poder.
La Plaza Grande todavía permite leer el origen de la ciudad colonial- alrededor de este espacio se concentraron la religión, el gobierno y las residencias vinculadas al poder.

Del otro lado de la plaza aparece la Casa de Montejo, otra pieza que permite leer la jerarquía social de aquella ciudad temprana. Su presencia recuerda que alrededor del mismo espacio convivieron iglesia, gobierno y residencia de una de las familias asociadas directamente con la conquista y fundación española. La plaza no era solamente un sitio para reunirse: era el punto desde el cual se representaba quién tenía poder.

El trazado ayuda a comprenderlo. El INAH describe calles rectas que parten de la plaza mayor formando un damero, ligeramente modificado por las preexistencias mayas. Si se camina por las calles 60, 61, 62 y 63 prestando atención a las alineaciones, todavía puede percibirse esa lógica geométrica que organizó la expansión del núcleo urbano.

Pero el Centro Histórico tampoco es una escenografía congelada. Comercios, oficinas, mercados, transporte, restaurantes y vida cotidiana siguen ocupando edificios y calles antiguas. Ésa es una de las características que hacen interesante caminarlo: el patrimonio no está separado de la ciudad actual; la ciudad actual sucede encima, dentro y alrededor de él.

Para quien prefiera una primera aproximación acompañada, el Ayuntamiento mantiene actualmente un recorrido gratuito por el Centro Histórico de lunes a sábado a las 9:30 de la mañana. Dura aproximadamente hora y media, parte del Centro Cultural Olimpo y tiene cupo limitado; al tratarse de un servicio operativo, conviene confirmar el horario antes de acudir.

Frente a la Plaza Grande, el Palacio de Gobierno mantiene vigente una función que este espacio ha tenido durante siglos- ser uno de los centros desde donde se administra y representa el poder público.
Frente a la Plaza Grande, el Palacio de Gobierno mantiene vigente una función que este espacio ha tenido durante siglos: ser uno de los centros desde donde se administra y representa el poder público.

2. Santiago: cuando Mérida vuelve a sentirse barrio

Desde la Plaza Grande, caminar hacia el poniente produce un cambio que ocurre poco a poco. Las fachadas importantes no desaparecen, pero dejan de ser la única historia. Aparecen casas bajas, comercios de toda la vida, vecinos, un mercado y un parque que sigue funcionando como punto de encuentro. Santiago conserva esa sensación de barrio habitado que modifica por completo la experiencia del Centro Histórico.

La iglesia permite asomarse a una historia mucho más antigua de lo que su ambiente cotidiano podría sugerir. El INAH identifica a Santiago Apóstol como una antigua parroquia suburbana de indígenas, cuya edificación quedó concluida en 1637 y que posteriormente fue reedificada en el siglo XIX. Fue declarada Monumento Histórico en 1948.

La palabra “suburbana” tiene aquí especial interés. Hoy Santiago forma parte del centro que recorremos prácticamente sin percibir una frontera, pero en aquellos siglos estaba fuera del núcleo español original. Caminar desde la Plaza Grande hasta su parque permite entender físicamente algo que en un libro puede pasar inadvertido: Mérida fue creciendo hasta incorporar espacios que antes tenían otra relación con la ciudad principal.

El Parque de Santiago conserva algo que el Centro Histórico más monumental a veces pierde- la sensación de barrio vivido, donde vecinos, comercio y encuentro cotidiano siguen dando sentido al espacio.
El Parque de Santiago conserva algo que el Centro Histórico más monumental a veces pierde: la sensación de barrio vivido, donde vecinos, comercio y encuentro cotidiano siguen dando sentido al espacio.

El parque continúa cumpliendo una función social. No es solamente el marco de la iglesia. La programación municipal mantiene allí las tradicionales Remembranzas Musicales los martes por la noche, un ejemplo de cómo determinados espacios históricos siguen asociados a formas contemporáneas de reunión y entretenimiento.

También cambia aquí la manera de mirar las casas. Conviene abandonar por un momento la búsqueda del gran monumento y observar las puertas altas, las ventanas, las proporciones de las viviendas y las fachadas que han recibido usos distintos a lo largo del tiempo. En Santiago, buena parte de la historia no está detrás de una taquilla ni de una placa oficial: sigue formando parte de la calle.

Y ahí aparece una de las grandes ventajas de conocer Mérida caminando. La monumentalidad cuenta la historia de quienes tuvieron poder y recursos para dejar edificios extraordinarios; los barrios permiten descubrir la otra escala, la de quienes vivieron, trabajaron, comerciaron, cocinaron y construyeron memoria alrededor de un parque.

La iglesia de Santiago Apóstol recuerda que este barrio tuvo una historia propia antes de quedar absorbido por el crecimiento de Mérida- durante siglos fue una parroquia suburbana vinculada a población indígena.
La iglesia de Santiago Apóstol recuerda que este barrio tuvo una historia propia antes de quedar absorbido por el crecimiento de Mérida: durante siglos fue una parroquia suburbana vinculada a población indígena.

3. Santa Ana y el Remate: el lugar donde la ciudad empieza a cambiar de escala

Regresar hacia la calle 60 y avanzar rumbo al norte conduce a Santa Ana, uno de los puntos en los que puede percibirse con mayor claridad que la Mérida histórica no terminó siempre en el mismo lugar. Hubo un tiempo en que este barrio marcaba uno de los bordes de la ciudad.

La ficha patrimonial de la Secretaría de Cultura señala que junto al templo de Santa Ana existió un arco que delimitaba el borde norte de Mérida. La propia iglesia se encuentra elevada sobre una plataforma a la que se accede mediante escalinatas, un detalle fácil de pasar por alto cuando se llega en automóvil y mucho más evidente cuando se recorre el parque a pie.

Con el paso del tiempo, aquel límite dejó de serlo. La ciudad continuó extendiéndose hacia el norte y Santa Ana quedó incorporada a una zona que hoy conecta de manera casi natural con restaurantes, comercios, hoteles, espacios culturales y el inicio de Paseo de Montejo. Lo que alguna vez fue borde terminó convertido en paso.

Elevada sobre su plataforma y sus escalinatas, la iglesia de Santa Ana recuerda que este barrio marcó durante siglos uno de los antiguos límites del norte de Mérida.
Elevada sobre su plataforma y sus escalinatas, la iglesia de Santa Ana recuerda que este barrio marcó durante siglos uno de los antiguos límites del norte de Mérida.

Eso hace especialmente interesante caminar desde el parque hasta el Remate. En relativamente pocas calles se percibe cómo el tejido urbano comienza a abrirse, las fachadas adquieren otra escala y el paisaje anuncia una ciudad que ya no intenta responder únicamente a la organización heredada del periodo colonial.

También vale la pena mirar la calle 60 como una línea histórica. Durante siglos funcionó como uno de los ejes norte-sur de Mérida y sigue enlazando algunos de sus espacios más reconocibles. Caminarla desde el centro permite comprobar que una misma calle puede atravesar épocas arquitectónicas muy diferentes sin dejar de funcionar como parte de la vida diaria.

Cuando aparece el Remate, el cambio deja de ser sutil. Allí comienza uno de los proyectos urbanos que mejor representan las aspiraciones de la élite yucateca de finales del siglo XIX: Paseo de Montejo.

En el Remate, Mérida cambia de escala- aquí termina la lógica más compacta del Centro Histórico y comienza el Paseo de Montejo, concebido a finales del siglo XIX como una nueva expresión urbana de la ciudad.
En el Remate, Mérida cambia de escala: aquí termina la lógica más compacta del Centro Histórico y comienza el Paseo de Montejo, concebido a finales del siglo XIX como una nueva expresión urbana de la ciudad.

4. Paseo de Montejo: cuando la prosperidad quiso parecer europea

Si el Centro Histórico permite leer la Mérida colonial, Paseo de Montejo cuenta otra historia: la del auge económico ligado al henequén y de una ciudad que quiso mostrar su prosperidad mediante una avenida monumental. El Ayuntamiento señala que el paseo fue inaugurado en 1888 e inspirado en los Campos Elíseos de París.

La diferencia se percibe al comenzar a caminarlo. Aparece una avenida más amplia, con glorietas, árboles, monumentos y residencias que no tienen mucho que ver con las casas coloniales del primer cuadro. El proyecto urbano buscaba una nueva imagen para una clase enriquecida durante el periodo de expansión de la industria henequenera.

Entre las construcciones que mejor explican aquel momento está el Palacio Cantón. El INAH documenta que fue levantado entre 1904 y 1911 como residencia del general Francisco Cantón Rosado y vincula directamente la suntuosidad del edificio con las grandes ganancias que produjo entonces el henequén. Mármol, elementos europeos y una arquitectura mucho más ostentosa convierten al edificio en una declaración de riqueza prácticamente imposible de ignorar.

El Palacio Cantón convirtió la riqueza del auge henequenero en una declaración arquitectónica; hoy, aquella residencia privada alberga el Museo Regional de Antropología de Yucatán.
El Palacio Cantón convirtió la riqueza del auge henequenero en una declaración arquitectónica; hoy, aquella residencia privada alberga el Museo Regional de Antropología de Yucatán.

Caminar por Montejo permite observar también una paradoja urbana interesante. Varias residencias construidas como símbolos de exclusividad privada terminaron convertidas en bancos, museos, oficinas o espacios abiertos al público. El Palacio Cantón, alguna vez casa familiar, alberga hoy el Museo Regional de Antropología de Yucatán, dedicado precisamente a conservar y explicar historias mucho más antiguas que la mansión que lo contiene.

La avenida tampoco pertenece únicamente al esplendor porfiriano. Si se continúa caminando hacia el norte aparece el Monumento a la Patria, iniciado en 1945 y concluido en 1956 por el escultor colombiano Rómulo Rozo. Tallado en piedra, integra episodios y símbolos de la historia mexicana y elementos relacionados con Yucatán.

Ese recorrido permite atravesar en una sola caminata varios proyectos distintos de ciudad: la avenida creada para exhibir riqueza, las mansiones particulares convertidas en patrimonio y un monumento nacionalista construido ya en pleno siglo XX. Montejo parece una sola calle; históricamente, es una sucesión de maneras distintas de representar prestigio, modernidad y memoria.

El Ayuntamiento ofrece actualmente una visita guiada gratuita por Paseo de Montejo de lunes a sábado a las 6:30 de la tarde, con una duración aproximada de hora y media. El recorrido comienza en el módulo turístico ubicado en Paseo de Montejo con avenida Colón y tiene cupo limitado, por lo que conviene revisar previamente que siga operando en ese horario.

Las Casas Gemelas resumen la ambición de una época en la que la prosperidad henequenera quiso expresarse también en piedra, escala y arquitectura de inspiración europea.
Las Casas Gemelas resumen la ambición de una época en la que la prosperidad henequenera quiso expresarse también en piedra, escala y arquitectura de inspiración europea.

5. Mejorada y La Plancha: del primer riel a un parque del siglo XXI

La zona de Mejorada cuenta quizá la transformación más completa de estas cinco caminatas porque en pocas calles conviven convento, antigua infraestructura ferroviaria, arquitectura educativa y uno de los espacios públicos más recientes de Mérida. Aquí la historia no avanza ordenadamente de un siglo al siguiente: se superpone.

El conjunto religioso de La Mejorada comenzó a construirse en el siglo XVII. El INAH documenta que la primera piedra del templo fue colocada en 1610 y que el edificio fue inaugurado en 1624. El antiguo convento tuvo posteriormente múltiples usos, desde instalaciones hospitalarias hasta espacios educativos, y una parte del conjunto es hoy sede de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán. 

Pero otro acontecimiento cambiaría profundamente esta zona. El 1 de abril de 1875 se colocó en la Plaza de La Mejorada el primer riel del proyecto ferroviario Mérida-Progreso. La línea sería inaugurada seis años después, en 1881, iniciando una etapa de expansión del ferrocarril en la península.

El antiguo claustro de La Mejorada muestra cómo un espacio religioso del siglo XVII pudo cambiar de función sin perder su huella histórica- hoy forma parte de la vida universitaria de Mérida.
El antiguo claustro de La Mejorada muestra cómo un espacio religioso del siglo XVII pudo cambiar de función sin perder su huella histórica: hoy forma parte de la vida universitaria de Mérida.

Aquellos trenes no son una anécdota aislada de la historia urbana. El ferrocarril fue esencial para conectar Mérida con Progreso y posteriormente con otros puntos de la península, en una época en la que la producción henequenera necesitaba nuevas rutas de transporte. El crecimiento ferroviario modificó la economía, los desplazamientos y también el paisaje de esta parte de la ciudad.

Décadas después, la Estación Central de Ferrocarriles ocupó el espacio que los meridanos terminarían conociendo como La Plancha. La historia oficial del parque sitúa la operación de esa estación entre 1920 y 1974. Cuando el uso ferroviario perdió protagonismo, una enorme extensión quedó asociada durante años a instalaciones, talleres y vestigios de aquella actividad.

Las locomotoras conservadas en La Plancha recuerdan que esta zona fue durante décadas uno de los grandes nodos ferroviarios de Mérida y una pieza clave para conectar la ciudad con Progreso y la península.
Las locomotoras conservadas en La Plancha recuerdan que esta zona fue durante décadas uno de los grandes nodos ferroviarios de Mérida y una pieza clave para conectar la ciudad con Progreso y la península.

El pasado industrial todavía puede encontrarse allí. Durante los trabajos para desarrollar el parque, especialistas del INAH localizaron la fosa de una antigua mesa giratoria utilizada para dar mantenimiento a locomotoras de vapor. La estructura, de aproximadamente 16 metros de diámetro, forma parte de un conjunto de bienes ferroviarios que fueron registrados y conservados por especialistas.

Desde noviembre de 2023, aquel terreno funciona como el Gran Parque de La Plancha, un espacio de alrededor de 20 hectáreas con áreas para caminar, andar en bicicleta, realizar actividades recreativas y conservar parte de la memoria ferroviaria. La antigua infraestructura destinada a mover locomotoras terminó convertida en un lugar pensado para que las personas vuelvan a ocupar el espacio a pie.

La transformación continúa. Durante 2026, la BiciRuta de Mérida amplió su recorrido hacia Distrito Mejorada y La Plancha, conectando nuevamente estos espacios con otros puntos del Centro Histórico. Es una continuidad interesante: una zona que durante décadas estuvo marcada por la movilidad ferroviaria vuelve a ser protagonista de la movilidad urbana, aunque ahora a otra escala y con otros medios.

Donde antes hubo vías, talleres e infraestructura ferroviaria, hoy se extiende un parque urbano que devuelve el espacio a peatones, ciclistas y familias sin borrar por completo la memoria industrial del lugar.
Donde antes hubo vías, talleres e infraestructura ferroviaria, hoy se extiende un parque urbano que devuelve el espacio a peatones, ciclistas y familias sin borrar por completo la memoria industrial del lugar.

No hace falta caminar las cinco zonas el mismo día

Estas cinco áreas pueden conectarse entre sí, pero intentar transformarlas en una competencia contra el tiempo arruinaría lo que hace fascinante el recorrido. Mérida se disfruta mejor cuando se toma el tiempo para detenerse: explorar un mercado, admirar una fachada, descansar bajo un árbol o desviarse hacia una calle inesperada.

El clima también juega un papel importante. Según la información turística municipal, las temperaturas de julio a octubre varían entre 23 y 35 grados Celsius, por lo que las primeras horas de la mañana y el final de la tarde son ideales para caminar, mientras que el mediodía puede resultar agobiante. Usar sombrero, llevar agua y calzado cómodo resulta más útil que intentar recorrer demasiados kilómetros.

Además, no todas las banquetas son igualmente cómodas; en el Centro Histórico, los peatones compiten con el tráfico intenso y la actividad comercial. Un camino que parece atractivo en el mapa puede ser muy diferente al caminar, especialmente para quienes tengan movilidad limitada. Por ello, cada recorrido debe plantearse como una exploración flexible, no como una lista a cumplir.

 Entre frutas, recados y vida cotidiana, los mercados de Mérida cuentan una ciudad que se conoce mejor desde sus colores, sus sabores y su gente.Mercados de Mérida: qué distingue a Lucas de Gálvez, Santiago y Santa Ana

Esta podría ser la mejor manera de conocer Mérida: no simplemente tildar monumentos, sino descubrir el significado de su ubicación. La Plaza Grande revela el origen de la ciudad colonial; Santiago ofrece otra dimensión de la vida urbana; Santa Ana muestra uno de sus antiguos límites; Montejo ilustra la riqueza del henequén, y Mejorada junto a La Plancha evoca el impacto del ferrocarril en la península.

En automóvil, estas historias pueden parecer distantes, pero al caminar, se revela el hilo que las conecta. Así, Mérida deja de ser solo una colección de edificios hermosos y se transforma en una ciudad donde, calle por calle, se pueden leer las diversas vidas que ha tenido.

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