José Luis Marín: “La salud mental no existe. La salud, sí”

En su primer libro, el médico psicoterapeuta cuestiona la separación entre cuerpo y mente, la medicalización del malestar cotidiano y las explicaciones demasiado simples sobre aquello que nos hace sufrir.
Books & Arts07 de octubre de 2026La Calle RosaLa Calle Rosa
El médico psicoterapeuta José Luis Marín plantea en La salud mental no existe. La salud, sí una mirada integral que busca entender cuerpo, emociones, historia personal y entorno como partes inseparables de la salud.
El médico psicoterapeuta José Luis Marín plantea en La salud mental no existe. La salud, sí una mirada integral que busca entender cuerpo, emociones, historia personal y entorno como partes inseparables de la salud.

Ansiedad, insomnio, cansancio persistente, dolores que vuelven, tristeza, estrés. Cuando algo de esto aparece, todavía tendemos a buscar una respuesta en dos direcciones distintas: o el problema está en el cuerpo o está en la mente. El doctor José Luis Marín propone empezar por cuestionar precisamente esa división.

Su nuevo libro lleva un título diseñado para incomodar: La salud mental no existe. La salud, sí. Cómo integrar cuerpo y mente para vivir mejor. No pretende afirmar que la depresión, la ansiedad o el sufrimiento psicológico sean imaginarios. Su argumento es otro: una persona no puede dividirse en compartimentos cuando enferma, sufre o intenta recuperar el bienestar.

“No hay lugar para un cerebro lúcido en un cuerpo agotado ni para una vida en calma en una sociedad enferma.”

Publicada en 2026 —la edición española apareció bajo el sello Grou—, la obra es el primer libro de Marín después de más de cuatro décadas de práctica clínica, docencia y trabajo en psicoterapia y medicina psicosomática. La editorial presenta el volumen como una revisión crítica de la manera en que la medicina y la psiquiatría han interpretado durante años determinados tipos de sufrimiento.

¿Qué quiere decir realmente con que “la salud mental no existe”?

La frase puede parecer una negación de algo que hoy ocupa una parte central de la conversación pública. No lo es. Marín no niega que las personas padezcan depresión, ansiedad, trauma o un enorme sufrimiento emocional; cuestiona que puedan comprenderse mirando exclusivamente al cerebro o colocando una etiqueta sobre un conjunto de síntomas.

Su propuesta cambia la pregunta. En lugar de quedarse únicamente en “¿qué enfermedad tiene esta persona?”, invita a preguntar qué le está ocurriendo, qué ha vivido, cómo duerme, cómo se relaciona, de qué manera responde su cuerpo y qué condiciones rodean su vida.

Es una diferencia aparentemente pequeña, pero modifica toda la mirada. Un mismo síntoma puede aparecer en personas con historias completamente distintas y, desde esta perspectiva, el diagnóstico sería una pieza de información, no necesariamente la explicación completa de lo que sucede.

“No hay enfermedades, solo enfermos. Y cada enfermo es una historia que une el cuerpo con la emoción, la biografía y el mundo. Cuando olvidamos eso, la medicina deja de curar para empezar a reparar piezas”, sostiene Marín.

La idea tiene puntos de encuentro con una tendencia sanitaria mucho más amplia. La Organización Mundial de la Salud continúa utilizando y definiendo el concepto de salud mental, pero al mismo tiempo reconoce que las condiciones mentales y físicas se afectan mutuamente y recomienda modelos de atención capaces de integrar ambas dimensiones. Su marco internacional publicado en 2024 insiste precisamente en las conexiones entre salud mental, salud cerebral, salud física y factores sociales. 

Cuando ponerle nombre a lo que sentimos no basta

Uno de los terrenos más interesantes del libro aparece cuando Marín se pregunta si hemos pasado de reconocer mejor el sufrimiento psicológico a convertir experiencias humanas muy diferentes en problemas que necesitan inevitablemente un diagnóstico.

El debate resulta especialmente oportuno. Palabras como ansiedad, trauma, depresión, burnout, apego o narcisismo salieron de los consultorios y los libros especializados para instalarse en las conversaciones, las redes sociales y hasta en la manera cotidiana de describir relaciones, trabajos y estados de ánimo.

Eso ha tenido una ventaja indiscutible: hablar del sufrimiento emocional resulta hoy menos vergonzoso que para generaciones anteriores. Pero Marín dirige la mirada hacia el otro extremo de la balanza: ¿todo malestar necesita convertirse en trastorno?, ¿hasta dónde una etiqueta ayuda a comprender y a partir de qué momento puede terminar ocultando la historia de la persona?

Ésa es probablemente una de las preguntas más fértiles de La salud mental no existe. La salud, sí. No porque exista una respuesta sencilla, sino porque obliga a diferenciar entre padecimientos que requieren atención profesional y experiencias dolorosas que forman parte de una vida atravesada por pérdidas, conflictos, enfermedad, precariedad, soledad, vínculos difíciles o agotamiento.

Libro de La Salud Mental no existe
Libro de La Salud Mental no existe. La Salud, SÍ.

De la “fiebre de la serotonina” a una explicación mucho más compleja

Marín también revisa uno de los capítulos más conocidos de la psiquiatría reciente: la idea popular de que la depresión podía explicarse como consecuencia directa de un desequilibrio químico y, particularmente, de bajos niveles de serotonina. El propio autor reconoce que durante sus primeros años profesionales participó de aquella confianza en una explicación predominantemente biológica.

 La discusión no pertenece únicamente a su libro. Una revisión paraguas publicada en Molecular Psychiatry, que examinó revisiones sistemáticas, metaanálisis y grandes conjuntos de datos, concluyó que la evidencia disponible no apoyaba de manera consistente la idea de que la depresión sea causada simplemente por una reducción de la actividad o concentración de serotonina.

Eso necesita una precisión importante: cuestionar la explicación simplificada de la serotonina no significa demostrar que los antidepresivos no funcionan ni que una persona deba abandonar un tratamiento. Los antidepresivos continúan utilizándose para tratar depresión y otros padecimientos, y suspenderlos de manera abrupta puede producir síntomas de retirada; cualquier modificación debe hacerse con supervisión médica.

El valor del debate está en otro lugar. Si el origen de la depresión no puede reducirse a la imagen de “una sustancia que falta”, entonces también resulta necesario observar factores biológicos, psicológicos, familiares, sociales y vitales mucho más complejos. Ahí es donde la tesis de Marín encuentra uno de sus argumentos centrales.

Del síntoma a la persona

En medicina, un síntoma necesita ser investigado. Pero el síntoma tampoco cuenta necesariamente toda la historia. Dos personas pueden presentar insomnio, dolor, fatiga o ansiedad y haber llegado hasta ahí por caminos radicalmente distintos.

Marín ha construido buena parte de su trayectoria alrededor de esa relación entre medicina y psicoterapia. El Colegio Oficial de Médicos de Madrid lo identifica actualmente como coordinador de su Grupo de Trabajo de Medicina y Psicoterapia, cuyo propósito incluye incorporar habilidades psicoterapéuticas a la práctica clínica y promover el desarrollo científico de esta disciplina.

Ese recorrido explica por qué el libro insiste tanto en recuperar la escucha. No se trata solamente de preguntar dónde duele, sino de entender quién es la persona a la que le duele, qué estaba ocurriendo antes de que apareciera el síntoma y qué elementos pueden estar manteniéndolo o agravándolo.

Desde ahí, el autor plantea una medicina menos fragmentada. No para sustituir pruebas, diagnósticos, psicoterapia o medicamentos, sino para evitar que cualquiera de esas herramientas termine ocupando el lugar de la persona completa.

¿Quién es José Luis Marín?

José Luis Marín López es médico psiquiatra y psicoterapeuta y acumula más de cuatro décadas de trayectoria clínica y docente. Es fundador y presidente de honor de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia y fundador del Foro Internacional para la Formación en Psicoterapia. Penguin Random House señala que La salud mental no existe. La salud, sí es su primer libro.

Su currículum profesional recoge formación vinculada con la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Gante, en Bélgica, y el Ospedale Civile de Vicenza, en Italia. También figura como presidente de honor de la Federación de Asociaciones de Psicólogos y Médicos Psicoterapeutas de España, FAPyMPE, organización cuya historia institucional lo sitúa entre quienes participaron en su constitución en 2011. 

Su nombre está especialmente asociado a la medicina psicosomática, la psicoterapia breve y el estudio de la relación entre las experiencias vitales, las emociones y las manifestaciones físicas del sufrimiento. Más que aparecer ahora con una tesis construida para provocar desde el título, el libro reúne ideas que han atravesado buena parte de su práctica profesional.

Eso también permite entender el tono de la obra. Marín escribe desde una posición crítica frente a una medicina que, a su juicio, puede llegar a fragmentar demasiado al paciente, pero lo hace desde dentro de la profesión médica y después de décadas trabajando con personas en consulta.

Un título provocador para una discusión que ya estaba abierta

Hay algo especialmente eficaz en La salud mental no existe. La salud, sí: obliga a detenerse incluso antes de abrir el libro. En una época en la que hablamos de salud mental más que nunca, encontrarse con alguien dispuesto a cuestionar el propio término genera una reacción inmediata.

Pero quizá la parte más interesante aparece después de la provocación. La discusión que propone Marín no obliga a elegir entre cuerpo y mente, medicina o psicoterapia, biología o historia personal. Precisamente intenta desmontar esa sucesión de falsos dilemas.

La pregunta que queda flotando es bastante más cercana a la vida diaria: cuando dormimos mal, vivimos agotados, sentimos ansiedad, sufrimos un dolor persistente o atravesamos una tristeza que comienza a modificar nuestra vida, ¿estamos mirando todo lo que podría estar ocurriendo o únicamente la parte que corresponde a la especialidad que hemos consultado?

Laura Baeza, autora de Santita del agua clara, novela publicada por Alfaguara que explora la memoria, la infancia y los silencios familiares.Santita del agua clara: la infancia que nunca se va

En tiempos en los que podemos obtener una etiqueta psicológica en segundos desde un video de redes sociales, pero también tenemos mayor acceso a información y ayuda profesional que generaciones anteriores, la invitación a mirar a la persona completa merece, por lo menos, una conversación seria.

Y quizá ésa sea la verdadera provocación del libro: no discutir si la mente existe separada del cuerpo, sino recordar que quien llega a una consulta nunca lleva únicamente un cerebro, un órgano, un diagnóstico o un síntoma. Llega con una historia.

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