
El espejo y yo: sanando a través del reflejo

En mi niñez había un dicho común entre las niñas y que lo usábamos cuando alguien nos decía lo que en ese momento considerábamos desagradable: “Soy espejo, me reflejo, tengo cara de….”, ahora, desde mi adultez, veo la carga de realidad que lleva.
La reflexión de nuestras opiniones
Cuando decimos alguna opinión acerca de personas, situaciones o circunstancias, en realidad estamos hablando de nosotros mismos, porque refleja nuestras creencias, emociones y pensamientos.
El espejo de nuestras relaciones y experiencias
Entonces, si observamos con detalle nuestras relaciones y experiencias de vida, nos muestran partes de nosotros mismos que probablemente no tenemos consciente o que preferimos ignorar. Un ejemplo puede ser nuestras relaciones con otras personas, los conflictos que surgen con ellas, aplicando el espejo, nos lleva a examinar nuestros comportamientos y actitudes. ¿Qué tanto contribuyo en el conflicto?


Contestar esta pregunta nos lleva al siguiente nivel:
Aceptar la responsabilidad de nuestras experiencias, sin culpa, sin sometimiento y sin resignación, esto es, analizarlas, aprender de la experiencia y usarlas como oportunidades para el crecimiento personal y la autoconciencia.
El poder de cambiar nuestra percepción
Cuando reconocemos que tenemos el poder de cambiar nuestra percepción de las situaciones y personas nos damos la oportunidad de tener una respuesta diferente ante esas experiencias y podemos generar un cambio positivo en nuestras vidas.
Comprender que lo que vemos en el exterior es un reflejo de nuestro interior, nos lleva a examinar de manera minuciosa nuestros pensamientos, creencias limitantes y emociones, desde aquí podemos partir para iniciar nuestro camino hacia nuestro conocimiento interior y crear una realidad más positiva y satisfactoria.
Y aunque este ejercicio puede ser incómodo al principio, porque nos confronta con nuestras sombras, también es profundamente liberador. Nos permite asumir el rol de protagonistas de nuestra vida y dejar de culpar al mundo exterior. Al final, cada experiencia es una oportunidad de sanación y expansión, si elegimos vernos con honestidad y compasión.






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