
El dilema de los padres
Georgina Pintado
Hay un momento en la crianza que se siente como un salto al vacío: cuando nuestros hijos comienzan a decidir por sí mismos. Y aunque este proceso inicia poco a poco -con una pequeña elección de ropa, con el sabor del helado o la comida-, va incrementando con la elección de amistades, elección de carrera, sus planes de vida…y a nosotros, como padres, nos toca aprender a confiar.
No es fácil. Una parte de nosotros quisiera seguir decidiendo por ellos, evitarles errores, protegerlos de cualquier caída. Pero lo que nos corresponde ahora es acompañarlos. Y acompañar no significa controlar; acompañar es convertirnos en observadores atentos, estar cerca, incluso cuando su camino se aleje del nuestro.
Parte de crecer es errar. Y a veces lo más amoroso que podemos hacer es permitir que se equivoquen, sabiendo que estaremos allí para apoyarlos si caen. No se trata de abandonar, sino de enseñar que cada error puede transformarse en aprendizaje, y que lo importante es seguir adelante y que no pierdan de vista su objetivo.


¿Qué significa acompañar?
Acompañar no es imponer ni decidir en su lugar. Acompañar es:
Escuchar de verdad, aunque no nos guste lo que nos estén diciendo, respira profundamente y escuchar sin juzgar.
Dar opciones en lugar de órdenes, tendrás más oportunidad de ser escuchado si ofreces alternativas antes de imponer tu opinión.
Reconocer sus decisiones, aunque sean totalmente lo opuesto a lo que tú hubieras elegido.
Practicar la empatía: pensar cómo te hubiera gustado ser tratado a esa edad, cómo hubieras querido que valoraran tus opiniones y tus decisiones.
Preguntar antes de aconsejar, muchas veces solo necesitan ser escuchados, no necesitan siempre nuestra opinión o una solución.
Validar sus emociones: mostrarles que entendemos lo que se sienten, porque ese camino ya lo recorrimos y podemos ponernos en su lugar.
Poner límites claros, dejarles saber que hay aspectos que no son negociables como el respeto, la salud o la seguridad.
Estar siempre con ellos para que puedan estar sin ti
Ser padres no es fácil, ser un buen padre es una tarea con mucha responsabilidad.
Acompañar a nuestros hijos en sus decisiones es, en el fondo, un acto de fe. Es confiar en lo que hemos sembrado en ellos y en la capacidad que tienen de seguir aprendiendo.
Al final, nuestros hijos no necesitan que vivamos su vida por ellos -nosotros ya hemos vivido la nuestra-, sino que estaremos cerca, mostrándoles que confiamos en que sabrán encontrar su propio camino.
Como padres de adolescentes y adultos jóvenes, ya no somos parte del show: somos parte del público. Nos toca observar desde abajo cómo se balancean y se lanzan con la fuerza y la valentía que trae la juventud. Y a nosotros, nos toca ser esa red de circo que espera no ser usada, pero que estará siempre para ellos.


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