
Volcán Chichonal: actividad sísmica reciente genera atención y análisis geológicos
Marcela Nazar
Desde la madrugada del pasado lunes, el volcán Chichonal —testigo de una de las erupciones más devastadoras de la historia moderna de México— ha presentado signos de actividad sísmica en su cráter. Esta delicada notificación ocupa la mirada de vulcanólogos y autoridades: ¿podría representar un preludio? Sin alarmismo, los especialistas llaman a la atención cuidadosa y al monitoreo permanente como principales herramientas de prevención.
El pasado que marcó a México
El volcán Chichonal, ubicado en la región noroeste de Chiapas, permaneció en letargo hasta 1982, cuando protagonizó una serie de erupciones plinianas entre el 28 de marzo y el 4 de abril. Las explosiones alcanzaron columnas de hasta 32 km de altura y generaron flujos piroclásticos que borraron comunidades como Francisco León y Chapultenango.
Se estima que murieron entre mil 700 y 2 mil personas, y la ceniza oscureció el cielo en múltiples estados; incluso, tuvo un efecto global, enfriando la temperatura terrestre hasta 0.5 °C durante dos años.


Según registros geológicos, antes de 1982 no había habido actividad eruptiva comparable desde el siglo XIV, lo que sugiere largos períodos de reposo y erupciones esporádicas en tiempos históricos.

Monitoreo actual y protocolos
El Centro de Monitoreo Vulcanológico y Sismológico de la UNICACH (CMVS-UNICACH) reportó que, desde el lunes, se ha observado actividad sísmica en el cráter del volcán, motivo por el cual se han prohibido los descensos y se mantiene vigilancia constante. La información se comparte en tiempo real con el SSN, CENAPRED y Protección Civil Chiapas.
El investigador Miguel Ángel Alatorre explicó que el volcán mantiene actividad sísmica y que esta ha sido monitoreada sin alarmismos: “Lo estamos observando... los pequeños sismos solo se sienten en el centro del cráter… en tiempo real...”
¿Qué puede esperarse? El análisis científico
Geólogos coinciden en que la posibilidad de una nueva erupción explosiva como la de 1982 es relativamente baja a corto plazo, dado su largo intervalo entre eventos. No obstante, destacan la actividad hidrotermal del lago ácido del cráter y la presencia continua de fumarolas como indicadores de actividad magmática residual.

Puede considerarse más plausible la subida de domos de lava en el cráter, lo que genera riesgos: colapsos que provoquen flujos piroclásticos, caída de ceniza, lahares o incluso una liberación repentina del agua del lago si las paredes colateralmente se debilitan. Más de 70 mil personas viven en las cercanías, lo que subraya la necesidad de monitoreo continuo.
Además, estudios históricos apuntan a un ciclo eruptivo aproximado cada 300 años, según algunos vulcanólogos, lo cual ayuda a contextualizar —pero no predecir con precisión— la ocurrencia de futuros eventos.
El Chichonal vive un estado de atención reforzada, sostenido por datos científicos y vigilancia permanente. Su historia y potencial lo convierten en un recordatorio de la fuerza de la naturaleza, así como de la importancia de aplicar la ciencia en la protección de comunidades.


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