
La realeza mundial se reúne en Oslo para despedir a Harald V
Marcela Nazar
Oslo se convirtió este miércoles 9 de septiembre en punto de encuentro de buena parte de la realeza mundial. Reyes, reinas, herederos y miembros de distintas casas reales caminaron detrás del féretro de Harald V de Noruega, en una despedida que reunió solemnidad de Estado, cercanía popular y una de las imágenes dinásticas más importantes del año.
Desde Suecia hasta Japón, pasando por España, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica, Jordania, Mónaco, Luxemburgo, Liechtenstein y Reino Unido, las delegaciones llegaron a la capital noruega para acompañar a Haakon VIII, Mette-Marit, la reina Sonja e Ingrid Alexandra en el funeral del rey que murió el 28 de agosto a los 89 años, después de 35 años en el trono.
La jornada comenzó a las 12:00 horas de Oslo —4:00 de la mañana en el centro de México—, cuando el féretro salió del Palacio Real acompañado por una salva de 21 cañonazos. Una hora después comenzó el servicio religioso en la Catedral de Oslo.



Una de las grandes reuniones reales del año
La propia Casa Real noruega publicó la lista de miembros de casas reales extranjeras que participaron en la procesión desde el Palacio hasta la Catedral.
Suecia tuvo una de las delegaciones más numerosas. Asistieron el rey Carlos XVI Gustavo, la princesa heredera Victoria, el príncipe Daniel, el príncipe Carlos Felipe, la princesa Sofia y la princesa Madeleine, acompañada por Christopher O'Neill.
Por Dinamarca estuvieron el rey Federico X, la reina Mary y el príncipe heredero Christian. La presencia del joven heredero resulta especialmente significativa en una jornada que también colocó a Ingrid Alexandra, nueva heredera noruega, en un lugar central.

España estuvo representada por Felipe VI y Letizia. La reina Sofía también acudió a Oslo, ampliando una representación marcada por los históricos vínculos familiares entre las monarquías europeas. Reuters y AP confirmaron la presencia española dentro de la amplia representación internacional.
Desde Países Bajos llegaron Willem-Alexander, Máxima y la princesa heredera Amalia; por Bélgica, Philippe y Mathilde; y por Luxemburgo, el gran duque Guillaume, Stéphanie y el gran duque Henri.
La lista incluyó además al rey Abdullah II y la reina Rania de Jordania, al príncipe Alberto II y la princesa Charlene de Mónaco, al príncipe Alois y la princesa Sophie de Liechtenstein, y al príncipe heredero Akishino y la princesa Kiko de Japón.
Por Reino Unido asistieron el príncipe William y la princesa Ana. También estuvo presente el príncipe heredero Pavlos de Grecia.
La fotografía conjunta de tantas casas reales en Oslo convirtió el funeral en algo más que una ceremonia nacional: fue también una imagen visible de las relaciones personales, familiares e institucionales que Harald construyó durante décadas.

Los tres reyes escandinavos, unidos en la despedida
Entre las imágenes con mayor peso simbólico estuvieron las de Haakon VIII, Carlos XVI Gustavo de Suecia y Federico X de Dinamarca participando en la despedida.
Las tres monarquías escandinavas mantienen vínculos históricos estrechos, y la presencia conjunta de sus actuales soberanos durante el último recorrido de Harald tuvo una lectura que iba más allá del protocolo.
Harald fue durante décadas una de las figuras de referencia entre las casas reales nórdicas. Su muerte deja ahora a Haakon ocupando el lugar que hasta hace apenas unos días pertenecía a su padre.

Miles de personas acompañaron el último recorrido
Mientras la atención internacional se detenía en las delegaciones reales, la verdadera dimensión de la despedida podía verse en las calles de Oslo.
Decenas de miles de personas se congregaron para ver pasar el féretro. Reuters describió momentos de silencio prácticamente absoluto al paso del cortejo, mientras AP informó que más de 46 mil personas habían pasado previamente ante el féretro durante la capilla ardiente en el Palacio Real.
El féretro, cubierto con el estandarte real noruego, avanzó por Karl Johans gate y Kirkegata rumbo a la Catedral.
Detrás caminó Haakon VIII junto con miembros de la familia real y los invitados internacionales. La reina Sonja y Mette-Marit realizaron parte del recorrido en automóvil.
Noruega guardó un minuto de silencio
A las 13:00 horas de Oslo —5:00 de la mañana en México—, comenzó formalmente el funeral en la Catedral.
La ceremonia fue encabezada por Olav Fykse Tveit, con la participación de la obispa de Oslo, Sunniva Gylver. Al inicio se guardó un minuto de silencio en todo el país, marcado por campanadas, de acuerdo con el programa oficial de la Casa Real.
Durante el servicio, el primer ministro Jonas Gahr Støre pronunció una de las frases que mejor resumieron la imagen pública de Harald.
Noruega, dijo, sentía una profunda gratitud por sus 35 años como rey, pero especialmente por la manera en que había ejercido su papel, combinando lo solemne con una forma cercana y sencilla de relacionarse con la población.
Esa idea explica buena parte de la respuesta popular de los últimos días: Harald ocupó el trono durante más de tres décadas, pero consiguió que su figura no quedara encerrada en la formalidad de la institución.

Zelenski y otros jefes de Estado también llegaron a Oslo
La reunión internacional no se limitó a las casas reales.
Entre los asistentes estuvieron numerosos jefes de Estado, entre ellos el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, quien había llegado a Oslo el día anterior y se reunió con el primer ministro noruego antes del funeral.
La lista oficial incluyó también a los presidentes de Alemania, Finlandia, Islandia, Polonia, República Checa, Lituania, Estonia, Letonia, Eslovenia y otros países.
Reuters confirmó que Zelenski recibió aplausos de parte del público al abandonar la ceremonia.

Cuatro F-35 despidieron al rey desde el cielo
Después del servicio religioso llegó uno de los momentos visualmente más poderosos del funeral.
Cuatro aviones F-35 sobrevolaron Oslo y uno de ellos rompió la formación, una maniobra utilizada en homenajes militares para representar la ausencia de quien ha muerto. Reuters confirmó el sobrevuelo durante las ceremonias finales.
Posteriormente comenzó el segundo traslado del féretro, esta vez desde la Catedral hacia la fortaleza de Akershus.
Allí se realizó una ceremonia privada para la familia y un grupo más reducido de invitados. La Casa Real había anunciado que también participarían miembros de casas reales extranjeras, además de determinadas autoridades noruegas y los presidentes de Finlandia e Islandia.

Harald V descansa en la cripta real de Akershus
El féretro fue finalmente descendido a la cripta de la iglesia del castillo de Akershus, donde descansan también el rey Haakon VII, la reina Maud, el rey Olav V y la princesa heredera Märtha.
La sepultura cerró el último recorrido de Harald.
Después de la ceremonia privada, las banderas que habían permanecido a media asta regresaron a lo alto, se realizó una doble salva real y las campanas de las iglesias comenzaron a sonar durante una hora en todo el país.
Terminaba así el luto nacional asociado a las exequias, aunque la Casa Real continuará oficialmente en luto de Corte hasta el 9 de octubre.

Después del funeral, Noruega miró a su nueva familia real
La jornada terminó con una fotografía completamente distinta a la de la mañana.
A las 16:45 horas de Oslo —8:45 de la mañana en el centro de México—, Haakon VIII y Mette-Marit aparecieron en el balcón del Palacio Real junto a Ingrid Alexandra, la reina Sonja y el príncipe Sverre Magnus. La Casa Real había anunciado oficialmente esa aparición para cerrar la jornada.
Horas antes, Haakon caminaba detrás del féretro de su padre.
Ahora aparecía frente al país como rey.
A su lado, Sonja representaba el reinado que acababa de terminar; Mette-Marit, el presente de la nueva Corona, e Ingrid Alexandra, su siguiente generación.
La realeza internacional había llegado a Oslo para despedir a Harald V.
Al caer la tarde, después de que reyes, reinas y herederos acompañaran al monarca hasta su último descanso, la imagen final perteneció únicamente a Noruega: una familia real distinta frente a un país que acababa de despedirse del rey que conoció durante 35 años.


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